Conclusión

 

76. Nuestro estudio, el cual comienza con una cuidadosa lectura eclesial y ecuménica de las Escrituras, a la luz de las antiguas tradiciones comunes, ha iluminado de una forma renovada el lugar de María en la economía de la esperanza y la gracia. En común, podemos re-afirmar los acuerdos antes alcanzados por  la ARCIC, en Autoridad en la Iglesia II 30: - que ninguna interpretación del rol de María puede oscurecer la mediación única de Cristo; - que cualquier consideración de María debe estar relacionada con las doctrinas de Cristo y la Iglesia; - que reconocemos la Bendita Virgen María como la  Theotókos, la madre de Dios encarnado, y por ello observamos sus festivals y le damos el honor correspondiente entre los santos; - que

  

María fue preparada por la gracia divina para ser la madre de nuestro Redentor, por quien ella misma fue redimida y recibida en la gloria; - que reconocemos a María como modelo de santidad, fe y obediencia para todos los cristianos; y - que María puede ser vista como una figura profética  de la Iglesia.

  

Creemos que la presente declaración profundiza y extiende significativamente estos acuerdos, colocándolos dentro de un estudio comprehensivo de doctrina y devociones asociadas con María.

 

77. Estamos convencidos de que cualquier intento de alcanzar una comprensión reconciliada sobre estos temas debe comenzar por la escucha de la Palabra de Dios en las Escrituras. Por tanto, nuestra declaración común comienza con una exploración cuidadosa del abundante testimonio en el Nuevo Testamento sobre María, a la luz de temas y patrones generales que podemos identificar en las Escrituras como un todo.

 

- Este estudio nos ha llevado a la conclusión de que no es posible ser fieles a las Escrituras sin prestar la debida atención a la persona de María (párrafos 6-30).

- Al recordar juntos las antiguas tradiciones comunes, hemos discernido renovadamente la importancia central de la Theotókos en las controversias cristológicas, y el empleo que los Padres de la Iglesia hicieron de  imágenes bíblicas para interpretar y celebrar el lugar de

 

María en el plan de salvación (párrafos 31.40).

 

- Hemos revisado el crecimiento de la devoción a María en los siglos del medioevo, así como las controversias teológicas a ellos asociadas. Hemos visto como algunos excesos en la devoción de la Alta Edad Media, y la reacción opuesta de los Reformadores, contribuyó a la ruptura de comunión entre nuestras iglesias, tras lo cual las actitudes hacia María tomaron  caminos diferentes (párrafos 41-46).

 

- También hemos notado la evidencia de desarrollos posteriores en nuestras dos comuniones, que han abierto el camino para una re-recepción del lugar de María en la fe y vida de la Iglesia (párrafos 47-51).

 

- Esta creciente convergencia también nos ha permitido un abordaje renovado de las cuestiones sobre María que nuestras dos comuniones nos han planteado. Al  hacerlo, hemos estructurado nuestro trabajo dentro del patrón de gracia y esperanza que descubrimos en las Escrituras

 

–“predestinada… llamada… justificada… glorificada” (Romanos 8.30) (párrafos 52-57).

 

78. Como un resultado de nuestro estudio, la Comisión ofrece los siguientes acuerdos, los cuales creemos que contribuirán significativamente al avance de nuestro consenso en cuanto a María. Juntos, afirmamos que:

 

- La enseñanza de que Dios ha tomado a la Bendita Virgen María en la plenitud de su persona a Su gloria es consonante con las Escrituras, y sólo puede entenderse a la luz de las Escrituras (párrafo 58);

 

- En vista de su vocación a ser la madre del Santo, la obra redentora de Cristo llegó “en reverso” muy profundo en el ser de María, desde sus más tempranos comienzos (párrafo 59);

 

- La enseñanza sobre María en las dos definiciones de la Asunción y la Inmaculada Concepción, entendidas dentro del patrón bíblico de esperanza y gracia, puede afirmarse como consonante con la enseñanza de las Escrituras y las antiguas tradiciones comunes (párrafo 60);

 

- Este acuerdo, cuando sea aceptado por nuestras dos comuniones, colocaría las cuestiones de autoridad, que surgen de las dos definiciones de 1854 y 1950 en un nuevo contexto ecuménico (párrafos 61-63);

 

- María tiene un ministerio continuo que sirve al ministerio de Cristo, nuestro único mediador, que María y los santos rezan por toda la Iglesia y que la práctica de pedir a María y los santos que recen por nosotros no es causa de división entre nuestras comuniones (párrafos 64-75).

 

79. Estamos de acuerdo en que las doctrinas y devociones que son contrarias a las Escrituras no pueden afirmarse como reveladas por Dios ni parte de la enseñanza de la Iglesia. Estamos de acuerdo que la doctrina y devoción enfocadas en María, incluyendo los testimonios sobre “revelaciones privadas” deben ser moderados por normas cuidadosamente expresadas que  aseguren el papel central y único de Cristo en la vida de la Iglesia, y que sólo Cristo, junto al Padre y al Espíritu Santo, es de recibir culto en la Iglesia.

 

80. Nuestra declaración ha buscado no intentar la solución de todos los problemas posibles, sino profundizar nuestra comprensión común al punto donde las diversidades restantes en cuanto a práctica devocional puedan ser recibidas como la obra variada del Espíritu entre todo el pueblo de Dios. Creemos que el acuerdo que aquí hemos delineado es en sí mismo el producto de una re-recepción por los anglicanos y católico-romanos de la doctrina sobre María y apunta a la posibilidad de una reconciliación más profunda aún, en la que temas sobre la doctrina y devoción a María ya no sean vistos como divisivos de la comunión ni como obstáculos para una nueva etapa en nuestro crecimiento hacia una koinonia visible. Esta declaración conjunta es ahora ofrecida a nuestras respectivas autoridades. En sí misma, quizás resulte un estudio valioso de las Escrituras y las antiguas tradiciones comunes sobre la Bendita Virgen María, la madre de Dios encarnado.

 

Nuestra esperanza es que, como mismo compartismo en el mismo Espíritu por el que María fue preparada y santificada para su vocación única, podamos juntos participar con ella y con todos los santos en la eterna alabanza de Dios.