NUESTRA REGLA

CAPÍTULO XI:

 

QUE LOS HERMANOS NO DIFAMEN NI DENIGREN, SINO QUE SE AMEN MUTUAMENTE

 

Y todos los hermanos guárdense de calumniar y de contender de palabra; empéñense, más bien, en guardar silencio siempre que Dios les conceda la gracia. Y no litiguen entre sí ni con otros, sino procuren responder humildemente, diciendo: Soy un siervo inútil. Y no se irriten, porque todo el que se irrite contra su hermano, será reo en el juicio; el que diga a su hermano
‘estúpido’, será reo ante la asamblea; el que le diga ‘imbécil’, será reo de la gehenna de fuego (Mt 5,22). Y ámense mutuamente, como dice el Señor: Éste es mi mandamiento, que os améis los unos a los otros, como Yo os amé (Jn 15,12). Y muestren por las obras el amor que se tienen mutuamente, como dice el Apóstol: No amemos de palabra y de boca, sino de obra y de verdad (1 Jn 3,18). Y a nadie difamen. No murmuren, no denigren a otros, porque escrito está: Los murmuradores y los detractores son odiosos a Dios (cf. Rom 1,29). Y sean modestos, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. No juzguen, no condenen. Y, como dice el Señor, no consideren los pecados mínimos de los otros (cf. Mt 7,3; Lc 6,41); al contrario, recapaciten más bien en los suyos propios con amargura de su alma. Y esfuércense en entrar por la puerta angosta, porque dice el Señor: Angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la vida; y pocos son los que lo encuentran (Mt 7,14).

CAPÍTULO XII:


DE LAS MALAS MIRADAS Y DEL TRATO CON MUJERES

 

Todos los hermanos, dondequiera que estén o que vayan, guárdense de las malas miradas y del trato con irreverente con las mujeres. Y ninguno se aconseje con ellas, o vaya de camino él solo con ellas, o coma a la mesa en un mismo plato. Los sacerdotes hablen honestamente con ellas administrándoles la penitencia u otro consejo espiritual. Y ninguna mujer en absoluto sea recibida a la obediencia por hermano alguno, sino, una vez que le haya sido dado el consejo espiritual, que ella haga penitencia donde quiera. Y vigilémonos mucho todos y mantengamos puros todos nuestros miembros, porque dice el Señor: El que mira a una mujer para desearla, ya cometió adulterio con ella en su corazón (Mt 5,28); y el Apóstol: ¿O es que ignoráis que vuestros miembros son templo del Espíritu Santo? (1 Cor 6,19); por consiguiente, al que profane el templo de Dios, Dios lo destruirá a él (1 Cor 3,17).

CAPÍTULO XIII:

 

EVITAR LA FORNICACIÓN

 

Si alguno de los hermanos, instigándolo el diablo, fornicara, sea despojado del hábito que perdió por su torpe iniquidad, y que lo deje del todo y sea expulsado absolutamente de nuestra religión. Y después, que haga penitencia de los pecados.

 

 

 

CAPÍTULO XIV:


CÓMO DEBEN IR LOS HERMANOS POR EL MUNDO


Cuando los hermanos van por el mundo, nada lleven para el camino, ni bolsa, ni alforja, ni pan, ni pecunia, ni bastón. Y en cualquier casa en que entren, digan primero: Paz a esta casa. Y, permaneciendo en la misma casa, coman y beban de lo que haya en ella. No resistan al malvado, sino, al que les pegue en una mejilla, preséntenle también la otra. Y al que les quite el manto, no le prohíban que se lleve también la túnica. Den a todo el que les pida; y al que les quite lo que es de ellos, no se lo reclamen.

 

 

 

CAPÍTULO XV:


DEL MODO DE TRANSPORTARSE LOS HERMANOS

 

Impongo a todos mis hermanos, tanto clérigos como laicos, sea que van por el mundo o que moran en los lugares, que de ningún modo usen de medios ostentosos para sus desplazamientos. Usen los medios de transporte con sencillez y humildad.