La última Conferencia de Lamberh (1968) concretaba en sus Reso­luciones e Informes la situación de las relaciones con las Iglesias ortodoxas de la siguiente manera:

 

 

 

"Los ortodoxos y los anglicanos se enfrentan, por igual, a factores operantes actualmente en el mundo, tales como:

 

 

 

1.     La persistencia del ateísmo decimonónico como un concepto político básico, especialmente en los países en que predomina la fe ortodoxa, que conduce -en ciertos casos- a un esfuerzo deliberado por establecer sociedades sin el concepto de Dios... Desde la última Conferencia de Lamberh hemos seguido con gran interés las Conferencias panortodoxas de Rodas -en 1961 y 1964-, De Belgrado (1966) y de Ginebra (1968), y hemos observado con auténtica satisfacción las visitas del Arzobispo de Canterbury A los patriarcados ortodoxos y la reciprocidad de dichas visi­tas, lo mismo que el intercambio de delegaciones con Moscú, Bel grado, y Bucarest. Es motivo de gozo particular que muy pronto se establecerá la fecha para la reanudación de conversaciones panortodoxas y pananglicanas -comenzadas en 1931- que anhelaron las Conferen­cias de Lambeth de 1968 y 1958.Las Ig. Ortodoxas orientales celebraron una conferencia en Addis Abeba en I965. En correspondencia esperamos que nuestra estimación mutua conducirá a un día logo fructífero entre nuestras Iglesias.

 

 

 

El número inmensamente incrementado de cristianos ortodoxos y orientales en Canada, Australia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, ha ampliado considerablemente el ámbito, no sólo de la discusión teológica sino también del diálogo en el nivel parroquial sobre problemas y empresas comunes. La presencia siempre grata de los ortodoxos en Occidente, al igual que el gran aumento de peregrinos y viajeros a Jerusalén y el Oriente ortodoxo han estimulado una conciencia creciente de la manera de ser or­todoxa".

 

 

 

Pero las relaciones con los ortodoxos por parte de la Iglesia Anglicana no son de ahora. Veamos cómo las expone, con no disimulado regus­to ecuménico, Ronald Barón, en una conferencia celebrada en Salamanca:

 

 

 

"La historia de las relaciones entre Canterbury y las Iglesias Orientales es larga, y ha sido siempre la de una amistad y comprensión creciente, y el mero hecho de la existencia de tales relaciones es punto de diferencia marcado entre el anglicanismo y las sec­tas protestantes que rechazan la ortodoxia igual que el catoli­cismo.

 

 

 

Uno de los más célebres entre los cien arzobispos de Canter­bury y uno de los primeros fue el griego Teodoro de Tarso, quien rigió la Iglesia de Inglaterra entre los años 668 y 690, y a quien Inglaterra debe en gran parte su estructura parroquial actual. Pero, al producirse el gran Cisma entre Oriente y Occidente en 1034, la Iglesia de Inglaterra quedó con Roma en la Iglesia del Oeste y se rompieron los lazos con el mundo cristiano del Este. le separación entre Canterbury y Roma en el s. XVI se debió más a causas políticas que teológicas; pero una vez efectuada la separación, y promulgada por un parlamento subordinado a reyes des­póticos toda la serie de leyes que dieron permanencia al Cisma, teólogos anglicanos comenzaron a buscar maneras de explicar y también justificar la existencia en Inglaterra de una Iglesia separada de Roma. Pensaron encontrar esta justificación en las mismas fuentes que la Iglesia ortodoxa oriental; es decir, en la apelación no solamente a las Sagradas Escrituras, como las sectas protestantes, sino también al testimonio de los Santos Padres y la Iglesia antigua indivisa; y éste ha sido siempre el fundamento, en la teología anglicana.

 

 

 

En l6ll un arzobispo de York, Sandys, visitó al patriarca Cirilo de Constantinopla, a quien presentó la Iglesia de Inglaterra como muy poco diferente de la de Constantinopla. Después de esto el patriarca mantuvo una correspondencia cordial con los reyes Jaime I y con el Arz. De Canterbury, Laúd. También envió uno de sus sacerdotes para estudiar en la Universidad de Oxford, seguido por otros estudiantes eclesiásticos ortodoxos (incluso un futuro obispo de Esmirna) hasta el triunfo temporal del puritanismo en 1647.

 

 

 

También puede citarse toda una serie de contactos similares durante los años siguientes a la Liberación de la Iglesia de Inglaterra con la restauración del rey en 1662.

 

 

 

Al cambiarse la dinastía en Inglaterra en 1688, un grupo de clérigos, incluso ocho obispos y uno 400 sacerdotes, se creye­ron obligados en conciencia por su juramento de lealtad al rey expulsado, y por eso prefirieron renunciar a sus cargos eclesiásticos antes que proferir un juramento que ellos consideraron sacrilegio al nuevo rey. Puesto que no se consideraron una secta nueva, sino la continuación de la auténtica Iglesia Apostólica en Inglaterra, entraron en negociaciones para lograr el reconocimiento de la Iglesia Oriental.

 

 

 

Aunque las perspectivas fueron al principio alentadoras, por fin las negociaciones no prosperaron, y poco a poco el cisma de­sapareció con la muerte de sus miembros. Pero este asunto moti­vó la intervención del Arz. De Canterbury de entonces, Wake, quien escribió en 1725 al patriarca de Jerusalén para explicar­le la situación cismática de los "no juradores". Al mismo tiem­po expresó el respeto más profundo hacia la Iglesia  Oriental diciendo:

 

 

 

"Mientras tanto, nosotros, los verdaderos obispos y clero de la Ig. De Inglaterra, visto que en todo artículo funda mental profesamos la misma fe que Vd. no dejaremos de que dar espiritualmente en comunión con Vd., puesto que la distancia entre nosotros nos impide hacerlo de otra manera".

 

 

 

Siguió, durante los próximos' cien años, la época de decaden­cia de la Iglesia en Inglaterra, hasta que los movimientos Metodista y de Oxford la despertaron. Con el despertar en la Iglesia de Inglaterra de la conciencia de su carácter (según creen los anglicanos) no de una secta protestante sino de la represéntate sobrenatural en Inglaterra de la Iglesia una, santa, católica y apostólica fundada por N.S. Jesucristo, empezaron una serie ininterrumpida de contactos, y una amistad y simpatía siempre crecientes, entre Canterbury y las Iglesias orientales.

 

 

 

Muy notables han sido las declaraciones de siete Iglesias orientales que parecen reconocer la validez de las ordenaciones angli­canas: Constantinopla (1922), Jerusalén (1923), Chipre (1923), Alejan­dría (1930), Rumanía (1936), y Grecia (1939). Es verdad que hay cierta diferencia en el concepto de validez entre el Oriente y el Occidente, pero el me­ro hecho de que existan indica la profunda diferencia que hay entre el anglicanismo y el protestantismo, y es uno de los muchos motivos de esperanza de que Roma pueda algún día modificar su actitud hacia las or­denaciones anglicanas.

 

 

 

El intercambio reciente de visitas entre el patriarca Justiniano de Bucarest y el Arz. De Canterbury, Michael Ransey, subraya la notable simpatía ya existente entre ambas Iglesias, ya que en cada pa­ís el prelado visitante fue recibido por el otro en pleno pie de igualdad y en ambos países iglesia, estado y pueblo le tributaron todos los honores posibles.

 

 

 

Aunque en la actualidad no existe la intercomunicó entre las Iglesias Orientales y el anglicanismo cono práctica normal, ambas Iglesias autorizan la intercomunicó en determinados casos Individuales cuando un anglicano se encuentre aislado de su propia Iglesia".

 

 

 

No hay duda de que el hecho del reconocimiento de la validez de los ordenaciones anglicanas por parte de la ortodoxia, ha acortado las distancias entre las dos iglesias hermanas. Así lo reconoce el Obispo Neill en su famosa obra sobre el Anglicanismo:

 

 

 

Las relaciones con las Iglesias ortodoxas se han tornado cada vez más amistosas. La comunicaci6n más estrecha ha revelado a muchos anglicanos los inmensos tesoros de las tradiciones ortodoxas sobre liturgia y espiritualidad; y los ortodoxos han aprendido que no tiene objeto desechar a las Iglesias anglicanas como "otra secta protestante". La amistad es tan íntima que muchos anglicanos creen que hay una espa­cie de intercomunión entre las Iglesias-ortodoxas y la anglicana.

 

 

 

En 1920 el patriarcado ecuménico de Constantinopla dirigió una carta encíclica, a favor de la causa de la unidad de la Iglesia, "a to­das las Iglesias de Cristo, donde quiera que se encuentren".

 

 

 

Dos años más tarde, el patriarca y el santo Sínodo de Constan­tinopla presentaron a la consideración de las santas Iglesias ortodo­xas una exposición memorable de su juicio sobre la validez de las ordenaciones anglicanas:

 

 

 

"A los ojos de la Iglesia Ortodoxa las ordenaciones de la Confe­sión anglicana de obispos, presbíteros y diáconos, poseen la misma validez que poseen las ordenaciones de las Iglesias Roma­nas, de los Viejos Católicos y Armenia, puesto que en ellos se encuentra todo lo esencial, que es indispensable desde el punto de vista ortodoxo para el reconocimiento del carisma del sacer­docio derivado de la sucesión apostólica".

 

 

 

Hacia 1935, otros cuatro Iglesias, Alejandría, Jerusalén, Chipre y Rumania, habían declarado estar de acuerdo con la opinión de Constan­tinopla.

 

 

 

El año 1948 pareció señalar un retroceso en las relaciones. En dicho año se reunió en Moscú una Asamblea de los dirigentes de dichas Iglesias Ortodoxas. La Asamblea adoptó el punto de vista análogo al de la Iglesia Romana, de que a la intercomunión debe preceder un acuerdo completo en fe y doctrina. Su juicio sobre las ordenaciones anglicanas fue el siguiente:

 

 

 

"Si la Iglesia ortodoxa no puede reconocer la rectitud de las enseñanzas anglicanas sobre las sacramentos en general y sobre el sacramento del orden en particular, tampoco puede reconocer la validez de las ordenaciones anglicanas que hasta ahora han tenido lugar".

 

 

 

Este no es el juicio de un Sínodo; a causa de las dificultades políticas es imposible al presente que se celebre un Sínodo general de las Iglesias ortodoxas; y hay una tendencia entre las Iglesias de habla griega y eslava a moverse en direcciones divergentes.

 

 

 

Probablemente en el futuro la ortodoxia americana ejerza una influencia crecien­te. Pero la falta de intercomunión no ha sido óbice para las relaciones y discusiones amistosas. Una delegación anglicana estuvo en Moscú en 1936 y allí tuvieron lugar valiosas discusiones” Las Iglesias de Grecia y de Rusia fueron las primeras no anglicanas con las que mantuvo Canterbury relaciones.

 

 

 

En 1863 se fundó la "Asociación de la Iglesia Oriental" con el fin de estudiar más profundamente las cuestiones del Oriente.

 

 

 

Más tarde, en 1906, se fundó la "Unión de las Iglesias Orienta­les ortodoxas y de las Iglesias anglicanas", para la promoción de las relaciones ecuménicas entre ambas. Se fusionaron en 1914 esas dos Asociaciones para dar lugar a la llamada "Asociación anglicana y oriental".

 

 

 

La comisión ecuménica de la Conferencia de Lamberh de 1888 pre­sentó un memorial sobre las relaciones entre ambas Iglesias. Comenzaba con la enumeración de las cartas intercambiadas, para continuar hablan­do de la visita realizada al obispo anglicano de Ely por el arzobispo griego de Licurgos de Syra y Tenos, el cual dijo al abandonar a su her­mano anglicano:

 

 

 

"A mi llegada a Grecia yo diré que la Iglesia de Inglaterra no es Como los otros grupos protestantes. Diré que es una verdadera Iglesia católica, muy parecida a la nuestra".

 

 

 

Conferencia de 1908 adoptó una resolución de invitar al ar­zobispo de Canterbury a formar un Comité permanente para las relaciones con los orientales. Tomaron asimismo otra resolución, la 62, en la que se permitía la comunión a los ortodoxos cuando éstos se hallaban pri­vados de sacerdotes de la propia Iglesia y se hallaron en relaciones fi­liales con la misma. Esta actitud provocó muchas reacciones plenamente favorables en la ortodoxia, al menos en la Iglesia rusa, entablando relaciones verdaderamente cordiales en los años inmediatamente anterio­res a la primera guerra mundial. Relaciones que luego se vieren interrumpidas por el conflicto bélico.

 

 

 

La revolución rusa interrumpió desfavorablemente este proceso evolutivo de signo positivo. También mejoraron notablemente por aquel entonces las relaciones con las Iglesias de Serbia y Grecia. El patriar­ca de Constantinopla envió a Londres una delegación con el fin de es­tablecer relaciones normales. Asunto que fue muy bien acogido por la Conferencia de Lambeth del mismo año. La delegación ortodoxa de Constantinopla, presente en Lambeth regresó satisfecha y envió detallada relación a la Iglesia de Grecia. Uno de sus miembros publicó, además un trabajo sobre las ordenaciones anglicanas e influyó en que la comi­sión nombrada por el patriarca de Constantinopla para el estudio de di­cho tema influyera en la decisión del patriarca, que en 1922 escribió una importante carta al arzobispo de Canterbury, reconociendo, como antes dijimos, la validez de dichas ordenaciones

 

 

 

En 1948, como ya se indicó las iglesias ortodoxas, reunidas en Moscú dieron marcha atrás en el reconocimiento de la validez de las ordenaciones anglicanas, debido a la notable diferencia que existe en­tre ellas y el anglicanismo sobre el concepto de Iglesia, de ministerios, y de sacramentos.

 

 

 

Esto no obstante, los contactos han sido cada vez más frecuentes y los intercambios de visitas. En mayo de 1962 el Dr.Ramsey visitaba oficialmente al patriarca Atenágoras y al arzobispo de Atenas. En agos­to del mismo año visitó al de Moscú y en julio del 1965 visitaba al de Rumania.

 

 

 

Por su parte los ortodoxos en la tercera Conferencia de Rodas, en noviembre de 1964 aprobaron una resolución que autorizaba y  Propug­naba el diálogo teológico, tanto en la iglesia anglicana como con los Viejos católicos.

 

 

 

La delegación del patriarca de Constantinopla, que en febrero de 1965 llevó al Papa una relación de lo estudiado en la Conferencia de Rodas, llegó desde Roma a Inglaterra y Ámsterdam, para informar también a estas Iglesias y poner a punto de organización de las conversaciones teológicas, que se hayan de celebrar en el futuro. Tomarán parte en ellas dos Comités, uno por cada Iglesia, cada uno de ellos no podrá tener más 25 miembros. El primer encuentro tuvo lugar en tierra ortodoxa en el verano de 1966 y a este han ido sucediendo otros posteriores.