Impresiones Generales Sobre el Ecumenismo

 

a) Sus logros ecuménicos

  

Es casi unánime el aplauso de los autores de todas tendencias a la gran obra ecuménica realizada por el anglicanismo. "Histéricamente, dice uno, la Comunión anglicana ha ocupado un puesto relevante en el resurgimiento y consolidación del movimiento ecuménico mundial. Baste recordar que en la Comunión anglicana surgió por primera vez la idea atrevida, de crear para el mundo cristiano dividido, un órgano de con­ferencia y diálogo, al que fuesen llamados a participar, como dice la resolución de 1910, "los representantes de todos los organismos cristianos de todo el mundo que aceptan a N. S. Jesucristo como Dios y Salva­dor, para considerar las cuestiones relativas a la Fe y al Orden de la Iglesia de Cristo". El movimiento de Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias, es un monumento al genio y al valor ecuménico de la Comunión anglicana.

 

Aun dentro de la Iglesia anglicana el ecumenismo ha ocupado un puesto primordial de primera fila, incluso antes de que muchas otras Iglesias despertasen ante el problema ecuménico. En los informes de  los periódicos encuentros consultivos del episcopado anglicano en la Conferencia de Lamberh no falta nunca una sesión dedicada al problema de la unidad. Esta sesión generalmente expone la situación ecuménica del momento, señala los progresos anglicanos en el campo de las rela­ciones ecuménicas con las otras Iglesias, ofrece elaboraciones teoló­gicas de notable valor sobre los problemas más urgentes y espolea a todas las iglesias de la comunión anglicana una participación cada vez intensa en el movimiento ecuménico, según los principios ecuménicos del anglicanismo".

 

En el mismo sentido se expresa Thils:

 

"La obra de la unidad ocupaba y ocupa siempre, y de manera: muy activa, a la Iglesia anglicana. Ella conoció las grandes discusiones y aclaraciones relativas al hecho eclesiástico profético sin duda, pero bastante desconcertante en dogmática, de la Iglesia unida de la India del Sur. Intervino asimismo en un proble­ma semejante planteado por la Iglesia Unida de Ceylán y más todavía por la Iglesia de la India Norte-Pakistán. Concibió esperanzas y sufrió desalientos en las discusiones con los Presbiterianos. Mantiene relaciones cordiales con los ortodoxos, los Viejos-católicos y los luteranos escandinavos. El Dr- Fishei, dio el primer paso espectacular en la reanudación de las conversaciones con él Papa. El informe de la Conferencia de 1958 describe el cua­dro impresionante de estas gestiones eclesiásticas. Los arzobispos de Canterbury y de York fueron los primeros en enviar un representante personal permanente cerca de la Iglesia Católica romana..." (3)

 

b) Posición especial de la Iglesia Anglicana

 

Hay quienes decantan la especial posición que el anglicanismo ocupa de cara a la promoción del movimiento ecuménico. Los anglicanos en general se glorían de su Iglesia, a la que llaman "Iglesia-puente", a igual distancia entre el catolicismo y el protestantismo; con un costado católico y otro, reformado.

 

Respecto a la Iglesia católica es evidente que se halla mucho más cerca que las luteranas o reformadas está, organizada bajo un régimen episcopal, dividida en diócesis y provincias* Tiene sínodos y con­ferencias episcopales. En el anglicanismo se dan formas y manifestaciones de piedad, litúrgicas y privadas, que son muy parecidas a las de los católicos.

 

Por todo lo cual no tiene nada de particular que el mismo Deere te de Ecumenismo, al hablar de las Iglesias de Occidente, que no gozan de plena comunión con Roma, ha reservado un lugar especial para la Iglesia anglicana y lo ha hecho no por benévola concesión a la susceptibilidad anglicana, sino por el debido aprecio de la índole peculiar de La Iglesia anglicana, índole que la hace figurar, desde el punto de vista estructural, entre las Iglesias de tipo "católico".

 

"La Comunión anglicana se presenta en nuestros días como una asociación fraternal de Iglesias de un tipo especial, históri­ca y espiritualmente unidas., llamadas por Dios para servicio de las Naciones. Autónomas e independientes e inspirándose unas en otras y, sin embargo, personales en su expresión nacional, uni­das por los lazos de una misma fe, de una misma estructura, de una misma lealtad al Señor y una misma obra evangelizadora "La Comunión anglicana es como un río con múltiples ramificaciones, cada una de las cuales se tiñe con el color del suelo por donde pasa, a la vez que entrega lo mejor de sí misma a la corriente común, y corre hacia este océano, símbolo de otro encuentro más grande en el que la Comunión anglicana podrá ser de nuevo una porte de la cristiandad reunida".

 

Sin embargo, no faltan quienes ponen sus reparos a la forma de “compromiso" en que incurre el anglicanismo. Para Thils es "un fenóme­no de gran complejidad y en alto grado no comprendido aún en el conti­nente. Esto es imputable en gran parte a los mismos anglicanos que no han puesto cuidado suficiente en explicar a los otros sus creencias y se han complacido en su insularidad. Pero es asimismo, en gran medida, la consecuencia de las ambigüedades que se explican sólo en el contex­to de la historia de la Iglesia de Inglaterra. Y aduce para probar su aserto una serie de impresiones de los mismos anglicanos.

 

La Comunión anglicana manifiesta escrúpulos respecto a lo que ocurre en el Consejo Ecuménico de las Iglesias, declaraba hace algunos años el Dr. Fisher. Las Conferencias de Estocolmo y Lausana desagrada­ron al ala derecha de la Iglesia de Inglaterra El Obispo Bell recono­cía un día que era más fácil asociarse a Fe y Constitución que a Vida y Acción. A pesar de estas reservas, los miembros de la Iglesia Anglicana tomaron siempre parte y gran parte en la vida del CEI, en particular en las secciones doctrinales. Basta recordar los nombre del Ob. C Carlos H. Brent; del Dr. W. Temple; del Ob Bell; de Stepehn Neill; del Dr. A.M. Ransey, primado de Inglaterra, elegido para una de las presidencias del CEI durante la Asamblea de Nueva Delhi, y que tomó ya contacto con las autoridades eclesiásticas de las diferentes Iglesias. Y otros".

 

c) Principios ecuménicos del anglicanismo

 

El ecumenismo debe ser uno e idéntico en todas las Confesiones cristianas que la promueven. No obstante, cada Confesión tiene su pro­pia eclesiología y, por tanto, unos principios ecuménicos en parte coincidentes y en parte distintos de los de las otras Iglesias. Por lo que al anglicanismo se refiere son estos principios los que reflejan la particular situación anglicana; pero no contradicen los principios universalmente aceptados por el movimiento ecuménico mundial. Antes bien, debemos decir que en muchos casos la Iglesia Anglicana, en cierta manera, ha anticipado y vivido en su experiencia aquellos principios de comunión ecuménica que después han sido aceptados universalmente por el movimiento ecuménico mundial, aunque con algunas modificaciones. Y, por esto, la Iglesia Anglicana ha podido inscribir en este movimiento con una oportunidad y con una naturalidad que han sido imposibles en otras Iglesias.

 

El primer principio es el debido reconocimiento por todas las Iglesias de los valores genuinamente cristianos que poseen las demás. Este primer principio fue expresado claramente en la declaración pro­gramática de Toronto por el CEI y al mismo ha suscrito su adhesión la Iglesia Católica en el Decreto sobre el ecumenismo. Ya Pío XI coinci­día sustancialmente, cuando hablaba de las Iglesia separadas como de bloque aurífero que se habían desprendido de la roca, pero que en sí mismos conservaban los vestigios del precioso metal.

 

El anglicanismo, en su tradición, reconoce los tesoros de auténtico cristianismo diseminado a través de todas las Confesiones. Les con templa con el deseo de reincorporar los que no tiene y ofrecer los que posee a disposición de las Iglesias hermanas. Nada de lo que es verda­deramente cristiano le puede ser indiferente, porque quiere poseer la plenitud de la catolicidad.

 

El segundo principio es que la búsqueda de la unidad visible y perfecta debe ocupar el centro de toda la labor ecuménica. La revela­ción nos habla de la Iglesia una. Cristo ha querido que su Iglesia en la tierra forme una sola Comunidad, de la que formen parte todos los cristianos apretados en una unidad externa, clara y discernible para todo el mundo. Unidad que actualmente se halla rota a causa de las di­visiones confesionales. La finalidad del ecumenismo es, pues, la restauración completa de la unidad visible entre los discípulos del Señor.

 

En tercer lugar hay que tener en cuenta el carácter especial de las Iglesias anglicanas: a los mismos tiempos católicos y reformados. Quie­ren conservar todo lo que consideran valedero del rico patrimonio antiguo en la fe y en la disciplina de los primeros tiempos e incluso, pretenden revalorizar lo que haya sido injustamente preterido de esa herencia antigua en el movimiento reformatorio del siglo XVI. Pero al mismo tiempo quieren que la predicación, la liturgia, la piedad, la disciplina eclesiástica se acomode a las exigencias legítimas de la Reforma y a la interpretación evangélica de la Sgda. Escritura.

 

El pensamiento anglicano, a este respecto, está manifestado en el llamado "Cuadrilátero de Lambert". Hecho público a raíz de la tercera Conferencia del mismo nombre, en 1883, y que fijó los cuatro artículos doctrinales que deben considerarse indispensables en cualquier in­tento de unión con la Iglesia anglicana. Son los siguientes:

 

1.     La Sagrada Escritura en el Antiguo y en el Nuevo Testamento contiene todo lo que es necesario para la salvación y es la regla y Criterio último de la fe.

 

2.     El Símbolo de los Apóstoles como símbolo bautismal y el Cre­do de Nicea, como exposición suficiente de la fe.

 

3.     Los dos sacramentos mandados por el mismo Señor -el bautismo y la Cena- que deben administrarse aplicando correctamente las palabras de la institución y los elementos dispuestos

 

4.     El episcopado histórico, adaptado, en cuanto a la manera de conferirlo, a las necesidades cambiantes de los lugares, de las naciones y de los pueblos, llamados por Dios a la unidad de su Iglesia.

 

Estos cuatro puntos deben quedar ilesos en toda conversación ecuménica y en la eventual unión con otras Iglesias, si bien pueden ser objeto de ulteriores determinaciones y concreciones y complementos Estos principios, que, según la visión anglicana, representan la voluntad de Dios para su Iglesia, suponen para el anglicanismo como un muro de defensa en el diálogo ecuménico, diálogo que en la actualidad prac­tica la Iglesia anglicana con particular intensidad en todas las par­tes del mundo y con toda clase de Iglesias cristianas, como vamos a ver a continuación.