Anglicanismo y Ecumenismo

 

En Roma la ciudad de la que salió hacia Inglaterra, enviado por el Papa San Gregorio el Grande, San Agustín, fundador de la sede de Canterbury, considerado hoy por todos los anglicanos co­mo centro de su comunidad cristiana, Su Santidad el Papa Pablo VI y su Gracia Michael Ramsey, arzobispo de Canterbury, se han encontrado para intercambiarse un saludo fraterno.

 

 

 

Al final de su encuentro dan gracias a Dios Todopoderoso, que ha creado, por medio del Espíritu Santo, durante estos últimos años, un nuevo clima de fraternicé, de cristiana entre la Iglesia Católica Romana y las Iglesias de la Comunión Anglicana.

 

 

 

Este encuentro del día 23 de marzo de 1966 señala una nueva etapa del Desarrollo de relaciones fraternas, fundadas sobre la caridad cristiana y sobre un sincero esfuerzo para eliminar las causas de conflicto y para restablecer la unidad.

 

 

 

Queriendo obedecer a Cristo que manda a sus discípulos que se amen unos a otros, declaran que, con su ayuda, ponen en ma­nos del Dios de misericordia, todo lo que ha podido ser, en el pasado, contrario a este mandato de amor, confirmándose a la actitud del Apóstol que declaraba: "Olvidando lo que queda atrás, me lanzo de lleno a la consecución de lo que está delante; co­rro hacia la meta, hacia el premio, al cual Dios me llama des­de lo alto en Cristo Jesús" (Fil., 3513-14).

 

 

 

Expresan el deseo de que los cristianos pertenecientes a ambas comunidades estén animados por los mismos sentimientos de respeto, estima y amor fraterno y, para favorecer esta actitud mutua, piensan entablar entre la Iglesia Católica Romana y la Comunión Anglicana, un diálogo serio fundado en el Evangelio y las antiguas tradiciones poseídas en común, que sea capaz de conducir a la unidad en la verdad por la que Cristo ha orado.

 

 

 

Conviene que este diálogo incluya temas no sólo de orden teológico, como la Sagrada Escritura, la tradición y la liturgia, sino también los que contienen dificultades prácticas para unos y otros. Su Santidad el Papa y Su Gracia el arzobispo de Canterbury, tienen conciencia, es verdad, de las grandes dificultades que obstaculizan la restauración de una completa comunión de Fe y de vida sacramental, pero están unánimemente determinados a contactos responsables entre las dos comuniones en todos los campos de la vida eclesiástica, en los que la colaboración pue­da llevar consigo una mejor comprensión y una caridad más pro­funda Están también determinados a realizar el esfuerzo nece­sario para ver de solucionar de común acuerdo los grandes pro­blemas que encuentran hoy día los que creen en Cristo.

 

 

 

Que esta colaboración, con la gracia de Dios Padre y en la luz del Espíritu Santo, acelere la realización de la oración de Jesucristo N. S. por la unidad refuerce la paz en el mundo, la paz que sólo Aquel que da la paz que "sobrepasa toda inteligencia", puede dar. Que esta paz, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo permanezca siempre con los hombres todos.

 

 

 

Dado en San Pablo Extramuros, Roma, el día 24 de marzo de gracia de 1966".

 

 

 

Tal es el texto de la DECLARACION CONJUNTA DE S. S. EL PAPA PABLO VI Y DE SU GRACIA EL DR. RAMSEY, PRIMADO DE LA IGLESIA ANGLICANA, con ocasión de su encuentro en Roma. El acto se celebró en la Sala Roja del monasterio bene­dictino de San Pablo.

 

 

 

La prensa de todo el mundo, particularmente la Religiosa, no dudó en calificar de transcendental para el porvenir de la Iglesia la visita realizada a Roma por el Ar. Primado de la Iglesia Anglicana, en calidad de tal y de Presidente de la Conferencia de Lambeth, com­puesta por los obispos de la Comunión Anglicana que agrupa hoy día unos cincuenta millones de fieles.

 

 

 

La entrevista tuvo dos partes. La primera se desarrolló en el marco grandioso de la Capilla Sixtina. Sentados los dos al pie del altar, revestidos ambos con sus atributos pontificales, se intercambia­ron el beso de paz y unos discursos breves pero llenos de contenido ecuménico.

 

 

 

Habló primero el Dr. Ramsey que dijo, entre otras cosas:

 

 

 

"He llegado con un vivo deseo en el corazón, deseo que, estoy seguro, también está en el vuestro: el de ayudar con esta visita a hacer realidad la oración de nuestro divino Señor. Para que todos sus discípulos lleguen a la unidad en la verdad. En el camino hacia la unidad existen graves dificultades doctrinales y existen también dificultades de orden práctico en el pueblo cristiano. Mayor motivo para que los argumentos sean discutidos conjuntamente con paciencia y caridad".

 

 

 

En su discurso el Papa subrayó la "importancia histórica de aquel momento", que debía influir en la paz de las naciones y en la promoción de la fraternidad cristiana entre los hombre". Destacó el "valor ecuménico del encuentro", de que  en realidad era "un gran día".

 

 

 

Y dirigiéndose al Primado de la Iglesia Anglicana, dijo:

 

 

 

"Vos renováis el acto de gran cortesía realizado por vuestro honorable predecesor, Su Gracia el Dr. Fisher, para con nuestro predecesor, el inolvidable Papa Juan XXIII, de feliz memoria. Vos reconstruís entre la Iglesia de Roma y la de Canterbury, un puente que se había hundido hace siglos: un puente de res­peto, de estima y de caridad. Vos avanzáis en este camino todavía inestable, todavía en reconstrucción, por vuestra propia Iniciativa y con una sabia confianza» ¡Que Dios bendiga vuestra intrepidez y vuestra piedad!"

 

 

 

La segunda parte tuvo lugar en la Basílica de San Pablo, como anteriormente dijimos. La ceremonia sencilla y delicada, consistió en una celebración conjunta de la Palabra, al final de la cual se leyó la Declaración común arriba transcrita.

 

 

 

A la puerta ya de la Basílica, el Papa sorprendió a todos con uno de esos gestos tan suyos, que marcarán sin duda su pontificado des del punto de vista ecuménico.

 

 

 

Pablo VI se quitó su anillo pastoral y se lo puso en el dedo al Dr. Ramsey.

 

 

 

"Yo recordó entonces, dice un comentarista, aquel otro gesto, muy semejante, que tuvo lugar en una modesta habitación del ’Ba lacio Arzobispal de Malinas. Era el año 1926. El arzobispo de aquella ciudad y primado de Bélgica, cardenal Desiderio Mercier, moribundo, presto para presentarse al encuentro definitivo con el Señor, también se despojó de su anillo y se lo regaló al cé­lebre lord Halifax, el buen lord inglés, campeón de la unidad; los dos, amigos entrañables, aunque hermanos separados, pero que hicieron posibles las famosas Conversaciones de Malinas, cele­bradas entre los años 1926 a la muerte de aquel santo cardenal...

 

 

 

Hace algún tiempo también leí unas palabras de lord Halifax a un amigo suyo, palabras que por la circunstancia de ser dichas ya en los últimos días de su vida, constituyen, según creo, su testamento espiritual. Dijo a su amigo: "Ante todo hace falta que los Jefes de nuestras respectivas Iglesias se reúnan, que tengan una reunión en la cumbre, solos, prescindiendo de órde­nes y jerarquía, de usos, costumbres y convencionalismos, a fin de tratar con altura los problemas dogmáticos que nos dividen y las prácticas para lograr la tan ansiada unión... Con qué alegría dejaría este mundo si el primado de Inglaterra y el Santo Padre llegaran a reunirse (l).

 

 

 

Palabras verdaderamente proféticas que se convirtieron en realidad con ocasión del encuentro del Dr. Ramsey y de Pablo VI.

 

 

 

Acontecimiento verdaderamente cuando en el terreno ecuménico, como presagiaban en sus respectivos discursos los dos protagonistas del mismo, y como más adelante demostraremos, pero que, a su voz, no fue ' efecto de la improvisación, sino fruto maduro de larga preparación, como reconocía en sus palabras de saludo al Dr. Eisher el cardenal Bca durante la recepción que tuvo lugar en los salones del Secretariado para la Unión de los cristianos.

 

 

 

"La Iglesia Anglicana, dijo el ilustre purpurado, ha recibido del Señor el gran don de hacer en este campo obra de vanguardista". Se refería al campo del ecumenismo.

 

 

 

Esto es precisamente lo que tratamos de demostrar en esta lección: la labor ecuménica que el anglicanismo ha desarrollado a lo largo de los tiempos en relación con las otras Confesiones cristianas.