LA VALIDEZ DE LOS SACRAMENTOS

 

 

 

La validez depende del hecho de que los sacramentos son señales especialmente determinadas. Por tanto, cuando son administrados, las acciones son acciones representativas en favor de Cristo mismo y de su Cuerpo, que es la Iglesia.

 

 

 

Distinguimos entre validez, eficacia y regularidad.

 

 

 

La eficacia depende de las condiciones espirituales en que se halla el que los recibe. Un sacramento puede ser válido, pero ineficaz.

 

 

 

La regularidad quiere decir que se cumplen todas las condiciones a las que está sujeto. Pero en caso de emergencia pueden saltarse estas reglas o condiciones, un seglar puede bautizar. Y a pesar de que el hecho es irregular, no obstante, es válido y eficaz.

 

 

 

Para ser válido un sacramento ha de tener tres condiciones:  I) instituido por Cristo 2) forma y materia debidas. 3) ministro debidamente apto.

 

                                                                                                                                          

 

 

 

1.  Ser decretado por Cristo. Esto no quiere decir que la Igle­sia no puede interpretar la voluntad de Cristo, cuando sus palabras, tal y como están narradas en el Evangelio, son oscuras.

 

2.   Materia y forma debidas. Esto se considera aceptado desde los primeros tiempos de la Iglesia. En lo referente a los dos sacramentos principales, ha habido una gran continuidad. Con los otros cinco, no es tan claro.

 

3.    Debida aptitud en el ministro. La Iglesia anglicana admite la administración del bautismo por un seglar en caso de necesidad. Incluso por un no bautizado y no creyente. Si un no cristiano bautiza con la intención de actuar en nombre de la Iglesia, no lo hace de una manera mágica. b) Un ministro debidamente ordenado, mientras sea ministro, tiene que administrar en nombre de la Iglesia. Si se separa de la Iglesia, puede dudarse muy en serio si puede administrar los sacramentos con validez.