El Rito Eucarístico

 

 

 

Ya se dijo que el servicio eucarístico ha sido el acto principal de adoración en la Iglesia Cristiana, La Iglesia generalmente considera los orígenes de este Sacramento en la Ultima Cena, o por lo menos en las referencias evangélicas de esta Ultima Cena. Opinión que se apoya en la Primera Epístola de San Pablo a los Corintios, 10,16-17; y 11, 23-29.

 

 

 

Por consiguiente San Pablo y la Iglesia primitiva con lo que es­taba asociado consideraban el rito eucarístico, que ellos practicaban como instituido por Nuestro Señor en la Ultima Cena.

 

 

 

Los teólogos anglicanos, contra el parecer de unos pocos, tienden a pensar que el rito cristiano de la Eucaristía encuentra su apoyatura en la Ultima Cena del Señor que, según los Evangelios sinópticos, fue una comida de Pascua judía.

 

 

 

La idea de sacrificio

 

 

 

En las doctrinas teológicas sobre el Servicio eucarístico des­cansa la idea de sacrificio. Nadie duda de esto que se considera eviden­te por las palabras usadas por Jesús en la Ultima Cena. La Ultima Cena fue, probablemente una comida de Pascua judía, y las ideas de pacto o alianza o sacrificio no estarían muy lejos de las mentes de los presen­tes.

 

 

 

Probablemente Jesús consideraba su muerte próxima como un sacri­ficio; un sacrificio que establecería una Alianza Nueva. Los anglicanos aceptan plenamente la idea del supremo sacrificio ofrecido por Jesús, La cuestión es: ¿Qué relación existe entre la celebración del Servicio Eucarístico y este sacrificio?, ¿Cómo debemos considerar el Servicio Eucarístico a la luz del sacrificio de Cristo?

 

 

 

Dentro de la Iglesia anglicana se pueden sostener cuatro teorías distintas a este respecto. Comenzando por la más alejada de la opinión de la Iglesia Católica, las agruparemos de la manera siguiente:

 

 

 

1.     Esta primera acentúa la idea de nuestra unión con Cristo en el acto de la comunión. En esa unión con Cristo nosotros ofrecemos:

 

 

 

a.  Un sacrificio de alabanza y de acción de gracias

 

b. Ofrecemos nosotros mismos nuestras almas y nuestros cuerpos para que sean un razonable, santo y viviente sacrificio.

 

 

 

Estas palabras están tomadas del Libro de oración común e interpretadas así, significan que, mientras el sacrificio de Cristo fue ofrecido una vez y para siempre, y no puede ser repetido, no obstante, nosotros podemos unirnos con Cristo en su sacrificio y así lo hacemos en el Servicio Eu­carístico. En otras palabras, en el Servicio Eucarístico, nosotros nos unimos con Cristo en su sacrifico, que fue ofrecido una vez y para siem­pre y que no puede ser repetido o continuado.

 

 

 

2.     La segunda teoría ve la conexión entre el rito eucarístico y el sacrificio de Cristo, en el hecho de que, en el Servicio Eucarístico las mismas palabras que Cristo dijo y las acciones que realizo en la Ultima Cena, son repetidas por el ministro. Por estas mismas palabras y acciones El invistió su próxima muerte con el carácter de sacrificio.

 

 

 

3.     La tercera teoría sostiene que el rito del Servicio Eucarís­tico es una representación delante del Padre del actual sacrifico en la cruz.

 

 

 

4.     La cuarta teoría incluye la doctrina del Altar celestial. En el Altar divino nosotros nos unimos en el Servicio Eucarístico, en la perpetua ofrenda por Cristo de sí mismo, y participamos de la vida de Cristo crucificado y resucitado.

 

 

 

Todas estas teorías se defienden y están permitidas dentro de la Iglesia anglicana. Por otra parte, no es necesario que se excluyan mu­tuamente las unas a las otras. Uno puede sostener dos o tres al mismo tiempo. Y hay anglicanos que así lo hacen. Lo más probable es que un anglicano evangélico participe de la primera con exclusión de las demás, es decir, un anglicano perteneciente a la Baja Iglesia.

 

 

 

Para los evangélicos, así como para otros muchos anglicanos, el rasgo importante del Servicio Eucarístico es que nosotros nos unamos con Cristo. Casi todos los anglicanos sostienen que esta unión esta maravi­llosamente expresada en la palabra "comunión”, que etimológicamente sig­nifica ese mismo. Por tanto, en el acto de la comunión participamos de la vida de Cristo. Esto es lo que da importancia capital al acto de la comunión dentro de la liturgia anglicana y casi ningún anglicano consi­dera la posibilidad de asistir a un Servicio Eucarístico sin participar en la comunión.

 

 

 

La idea de  ” oír Misa" es extraña al pensamiento de los anglicanos, excepto en algunos pocos de la Alta Iglesia que no siempre que asisten al Servicio Eucarístico reciben la comunión. Pero incluso éstos ponen gran énfasis en que la comunión es un elemento central y esencial en el rito.

 

 

 

Hay, sin embargo, diferencia de opiniones en el modo de inter­pretar la presencia del Señor en la Eucaristía. Y existe una tensión entre los que quieren recalcar que Dios está siempre presente en todos los sitios y los que quieren subrayar la especial presencia de Cristo en la Eucaristía. Por un lado, unos pretenden que Dios está presente y disponible para todos y en todos los instantes, mientras que, por otro lado, otros reclaman que Cristo se hace a sí mismo, y especialmente su gracia, disponibles para ciertas personas y en ciertos momentos, esto es, en la Eucaristía.

 

 

 

La manera cómo Cristo se hace presente en la Eucaristía ha sido una cuestión fuertemente discutida desde la Reforma. En la Iglesia an­glicana esta discusión ha sido causa de un gran confusionismo, porque el lenguaje utilizado se ha usado de distintas maneras. Y esto ha ocurrido principalmente en lo referente a la frase "Presencia real". Al principio se expresaba con esta palabra. solamente la creencia en la presencia de Cristo en cada Servicio Eucarístico, presencia que todo anglicano admitía.

 

 

 

Después se asoció a este término otras doctrinas particulares sostenidas por los anglo-católicos, concernientes a la manera concreta como Cristo está presente en el pan y en el vino, después de su consa­gración.

 

 

 

Por consiguiente, cuando algunos evangélicos de la Baja Iglesia dicen que no creen en la real Presencia, son mal interpretados por sus hermanos de la Iglesia Alta. Sin embargo, puede decirse que todos los anglicanos creen en la presencia de Cristo en el Servicio Eucarístico. La diferencia; de opinión reside en el modo cómo se entiende esa pre­sencia en el pan y en el vino consagrados.

 

 

 

 

 

El modo de la presencia real en la Eucaristía

 

 

 

¿En qué sentido puede decirse que Cristo está presente en los elementos consagrados de pan y ciño? Como siempre, también en este punto es sumamente difícil precisar las doctrinas anglicanas.

 

 

 

El Informe de los Arzobispos inserta la doctrina siguiente:

 

 

 

"La enseñanza actual que ofrecen los teólogos anglicanos parti­culares es, a veces, inconsistente; a menudo es ambigua a qui­zás intencionadamente indefinida".

 

 

 

Sin embargo, las principales teorías que se dan sobre el particular son las siguientes:

 

 

 

En primer lugar, están los que enseñan que el pan y el vino se convierten realmente, en algún sentido, en el cuerpo y la sangre del Señor, mediante la consagración. Los que piensan así hablan normalmen­te del cuerpo y sangre del Señor como estando presente "bajo las formas de pan y vino", y por consiguiente, de Cristo como estando El mis­mo realmente presente en los signos visibles del sacramento. Afirman al mismo tiempo que la manera de esta presencia es totalmente espiritual, siendo aprehendida, solamente por la fe, y de ninguna manera per­ceptible por ninguno de los sentidos corporales. Esta doctrina es la de la "Real Presencia" en el más estrecho sentido de la frase. Y esta sentencia de la real presencia tiene asimismo varias formas, que son realmente importantes y dignas de ser conocidas:

 

 

 

a.   Histéricamente la más importante de estas formas es la doc­trina de la Transustanciación, tal como la entiende la Iglesia Católica.

 

b. Otra forma histórica importante de la doctrina de la real presencia es la de la Consubstanciación, que es la doctrina clásica del luteranismo.

 

 

 

La primera de estas dos formas históricas de entender la real presencia es rechazada por los 39 Artículos de la Iglesia anglicana. No obstante hay anglo-católicos que la admiten y la defienden. La doctri­na, en cambio, de la consustanciación no es rechazada por los 39 Ar­tículos.

 

 

 

Sin embargo la mayoría de los anglicanos no sostienen ninguna de las dos formas. Los teólogos del Movimiento de Oxford reavivaron la doctrina de la real presencia, pero rechazaron la doctrina de la transustanciación y no aceptaron tampoco la doctrina de Lutero sobre la consustanciación. No se puede precisar con exactitud lo que afirmaron sobre este punto concreto ni lo que piensan en la actualidad los inter­pretes del Movimiento de Oxford y sus comentaristas.

 

 

 

Hemos de decir, por tanto, que la Iglesia de Inglaterra se ha abstenido de definir y de matizar la doctrina de la presencia real.

 

 

 

La más abiertamente opuesta a la doctrina de la presencia real es la conocida como "Recepcionismo". Según el Informe de la Comisión de Arzobispos la doctrina del Recepcionismo enseña que:

 

 

 

"Aunque el Cuerpo y Sangre del Señor son realmente recibidos por los fieles en la Cena del Señor, sin embargo, su presencia es real solamente en los corazones de los que le reciben y no oren los elementos anteriormente a la recepción".

 

 

 

En consecuencia, el pan y el vino consagrados pueden llamarse el cuerpo y la sangre del Señor sólo en sentido figurado. La especial presencia de Cristo está, por consiguiente, asociada no a los elementos mismos sino a la recepción de ellos. Y por eso se llama a esta doctrina "Recepcionismo". Los defensores de la misma afirman con toda seguridad y firmeza que Cristo está real y espiritualmente presente en cada Servicio Eucarístico como el huésped invisible en su propia mesa. Y       además se ofrece a sí mismo como alimento espiritual a todos los comulgantes, excepto a los que inmerecidamente se aproximan a la mesa del Señor.

 

 

 

Esta doctrina es la más popular entre los de la Baja Iglesia y los evangélicos y no admite en absoluto cambio alguno en los elementos consagrados. La gracia se imparte solamente por la recepción, y por eso es tan importante, para ellos, la comunión.

 

 

 

Dos cosas se deducen de esta doctrina:

 

 

 

a.      La parte importante para ellos del Servicio Eucarístico es la comunión. Y por eso todos comulgan.

 

b.     No hay reserva de los elementos consagrados, ya que lo importante es la comunión y no admiten cambio en los elementos consagra dos.

 

 

 

La tercera doctrina, intermedia entre la real presencia y el recepcionismo, se llama Virtualismo.

 

 

 

El vietualista no se contenta con afirmar que los elementes con sagrados no son más que una figura de realidades espirituales. Mantiene lo mismo que el creyente en la real presencia que "se efectúa un cambio espiritual en los elementos consagrados durante la consagración". Pero, al afirmar que el pan y el vino se hacen el Cuerpo y la Sangre del Señor de una manera espiritual, entiende que su declaración significa que el pan y el vine pasan a ser el Cuerpo y la Sangre, "no en la substancia, sino en poder espiritual y virtud y efecto".

 

 

 

Los defensores de esta doctrina afirman que a través de la con­sagración el pan y el vino son dotados de propiedades espirituales, que justifican su descripción como Cuerpo y Sangre sacramentales. Pe­ro no utilizan un lenguaje que lleve a la conclusión de que piensen que los elementos consagrados sean lo mismo que el Cuerpo que fue crucificado y que resucitó.

 

 

 

Esta doctrina, por tanto, sostiene una posición media entre los recepcionistas y los que creen en la presencia real.

 

 

 

Estas cuestiones son propias de los teólogos. La mayor parte de los seglares anglicanos ni siquiera están enterados de estas doctrinas.

 

 

 

El Informe de la Comisión de Arzobispos, de 1922, dice:

 

 

 

"Muchos anglicanos dirían claramente que su Iglesia no les pide que sostengan una teoría particular sobre la manera de la pre­sencia eucarística. Dirán incluso que eso es completamente innecesario".

 

 

 

Tal falta de precisión y matización, sin duda que es mala en algunos aspectos. Y esta es una de las características de la Iglesia anglicana, que ha sido fuertemente criticada, tanto por los anglicanos mismos como por los no anglicanos.

 

 

 

Por el contrario algunos piensan en las ventajas de esta acti­tud, pues los misterios, por una parte, son muy difíciles de precisar y por otra, la no definición evita la división dentro de la misma Iglesia, ya que ésta no excluye de su seno a quienes piensan de manera diferente.

 

 

 

La liturgia de la Eucaristía

 

 

 

Antes de entrar en el tema de la liturgia de la Eucaristía, hay que hacer algunas precisiones:

 

 

 

·       Según la ley todos los servicios anglicanos deben sacarse del Libro de Oración Común. De lo contrario sería ilegal. El ejemplo más famoso de un servicio ilegal en los últimos años ha sido el de las exequias de Churchil en la Catedral de San Pablo, de Londres. No se hizo conforme al Libro de Oración Común y, por tanto, fue ilegal Sin embargo fue presenciado por la Reina, el Primer Ministro, el Gobierno y la mayoría del Parlamento.

 

 

 

Últimamente se han intentado adaptaciones del Libro de Oración Común  a las necesidades de los tiempos. Como sabemos el Libro de Oración Común  data del siglo XVI. Se intentó hacer una nueva adaptación oficialmente en el 1928, que fue aceptada por las Convocaciones de la Iglesia, pero rechazada por el Parlamento. Y éste lo rechazo porque disgustaba, según se decía, tanto a los anglo-católicos como a los evangélicos. Los primeros por­que no encontraban esta versión suficientemente católica, y los según dos porque la hallaban demasiado catolizante (Es decir, que es el Parlamento quien legisla en asuntos eclesiales) Y esta decisión parlamentaria puso a la Iglesia en una difícil situación. La Iglesia y los Obispos habían aprobado un nuevo Libro de Oración Común, que el Parlamento rechazó.

 

 

 

Pero, ¿cómo los Obispos iban a prohibir el uso de servicios que ellos mismos habían autorizado? La respuesta es que, ni podían hacerlo, ni lo prohibieron, y desde 1928 la mayoría de las iglesias anglicanas usan una mezcla, de los Libro de Oración Común de 1662 y 1928.

 

 

 

En los últimos años la situación ha cambiado. Se han hecho otros intentos de adaptación a las necesidades de los tiempos y ahora las negaciones con las autoridades civiles se llevan mas cuidadosamente y han sido aprobados los nuevos servicios a título de prueba y experi­mental por siete años. Pasado este tiempo se decidirá si pasan a ser definitivos o no. Depende de la reacción de las iglesias locales.

 

 

 

·       En la mayoría de las iglesias anglicanas no es la Eucaris­tía la que ocupa el lugar primero y principal del culto anglicano, aun­que cada día va ganando terreno. El lugar principal lo ocupa el Oficio divino: Maitines y Vísperas, que suelen ser cantados y estar acompaña­dos de sermón.

 

 

 

La mayoría de los anglicanos van frecuentemente a los Maitines y Vísperas y con menos frecuencia a la celebración de la Eucaristía. Por ejemplo, van a esta una vez al mes. Sin embargo los Maitines van perdiendo terreno como servicio de la mañana para cedérselo a la cele­bración eucarística.

 

 

 

·       La razón de esta situación se halla en la historia. En el tiempo de la Reforma se prohibió la Misa y entonces se organizó un ser­vicio eucarístico en que la gente pudiera comulgar siempre. Para poder organizar este servicio más convenientemente, el Libro de Oración Común  exigía que los anglicanos comulgaran por lo menos tres veces al año en con­tra de la única vez que anualmente se les exigía antes, es decir en la Iglesia de la pre-Reforma.

 

 

 

·       Por desgracia este condujo a la práctica desastrosa de que Servicio Eucarístico se celebrara solamente tres veces al año…Y de este modo Maitines y Vísperas alcanzaron la preeminencia de que siempre han disfrutado en la Iglesia anglicana.

 

 

 

·       Finalmente: El Movimiento de Oxford, de tendencias anglo-católicas, del siglo XIX, acentuó de nuevo la importancia de la celebra­ción de la Eucaristía y comenzó a tener celebraciones eucarísticas se­manalmente. Esta práctica se extendió por toda la Iglesia, pero las Iglesias Bajas no hicieron de la celebración eucarística su principal servicio, y le pusieron a horas inconvenientes, como las ocho de la ma­ñana. Sin embargo la práctica de la celebración de un servicio cantado a media mañana, se está extendiendo muchísimo por toda la Iglesia angli­cana, retrocediendo en cambio, el canto de Maitines.

 

 

 

Servicios dominicales en las diferentes Iglesias

 

 

 

En una iglesia de Tradición Media son los siguientes:

 

 

 

Celebración de la Eucaristía a las ocho de la mañana, recitada y sin sermón.

 

A las nueve y media, celebración coral de la Eucarístia con ser­món.

 

A las once, Maitines cantados con sermón.

 

A las seis y media de la tarde, Vísperas cantadas con sermón.

 

 

 

En los templos de la Iglesia Alta:

 

 

 

El servicio de las once de la mañana sería la celebración de la Eucaristía, cantada y con ceremonial cultivado.

 

Los Maitines probablemente, a las diez

 

 

 

En las Iglesias Bajas:

 

 

 

La celebración cantada de la Eucarística, a las nueve y media, no existiría, aunque a esa misma hora se tiene un "Servicio familiar" al que se permite la asistencia de los niños, y que es una forma abre­viada de Maitines.

 

 

 

Estas mismas Iglesias Bajas, una práctica popular es celebrar la Eucaristía de una forma abreviada después de Maitines, y en algunas iglesias después de Vísperas para permitir a los ancianos, que no pue­den levantarse para la celebración de las ocho de la mañana, que puedan asistir de vez en cuando a la Eucaristía. Pero con general es muy poca la asistencia a estos servicios de la mañana. Los evangélicos, sin em­bargo, defienden precisamente esta hora de la mañana, porque supone sa­crificio y hay que asistir a la celebración eucarística con espíritu de verdadero sacrificio.

 

 

 

En todas las Iglesias existe, además, la Escuela Dominical Bíbli­ca para la formación de los niños de la parroquia.

 

 

 

 

 

La liturgia eucarística propiamente dicha

 

 

 

Como se dijo más arriba existen tres ritos litúrgicos, a saber, los Libro de Oración Común  de 1662, el de 1928 y el nuevo que actualmente está en rodaje y sometido a prueba experimental* Vamos a omitir el de 1928 ya que en realidad nunca ha estado en vigor.

 

 

 

La liturgia Eucarística del Libro de Oración Común  de 1662 fue básicamente una revisión de la Misa latina. Era en inglés y se introdujeron ciertos cambios para dar gusto a los protestantes.

 

 

 

El orden es el siguiente:

 

 

 

El celebrante recita el Padre Nuestro, y una colecta invocando la purificación de los espíritus y la invocación al Espíritu Santo.

 

 

 

Luego sigue a la recitación de los Diez Mandamientos o un Sumario de la Ley de Cristo.

 

 

 

Se lee la colecta del día, seguida de la lectura de la Epístola y el Evangelio.

 

Los fieles se unen en el rezo del Credo Niceno Constantinopolitano, al que sigue un sermón u homilía, si la hay.

 

 

 

Se hace entonces la colecta para las necesidades parroquiales y se coloca en el altar junto al pan y el vino.

 

 

 

Se reza por la Iglesia militante, pero sin mención de la Iglesia expectante, debido a la teoría protestante de que los fieles que han muerto están bajo el cuidado de Cristo y esto basta. Pero son muchos los sacerdotes que en su rezo hacen alusión a la Iglesia purgante, to­mándolas del Libro de Oración Común  de 1928, que incluye esta alusiones a la Igle­sia llamada por los católicos purgante.

 

 

 

Luego hay tres largas exhortaciones que se usan pocas veces. Es­tas acentúan la preparación que hay que llevar para acercarse convenien­temente a la recepción del sacramento. Entre las recomendaciones que se hacen en esas exhortaciones se encuentra la de acercarse a la peni­tencia. Estas son las palabras:

 

 

 

"Y porque es requisito, ningún hombre debe acercarse a la comunión, sino con una total confianza en la misericordia de Dios, y con una conciencia tranquila. Por consiguiente si hay alguno entre vosotros que no puede. Tranquilizar su conciencia aquí, por estos medios, venga a mí o a algún otro discreto y experto Ministro de la Palabra de Dios, y que abra su desolación, para que pueda recibir del Ministerio de la Santa Palabra de Dios el beneficio de la absolución, junto con el consejo y aviso espiritual, que calme su conciencia y evite todo escrúpulo y duda".

 

 

 

Por consiguiente, la Iglesia de Inglaterra ha esperado siempre una confesión privada con Dios antes de la comunión y, si ésta se encuentra insatisfactoria, se aconseja una confesión con el sacerdote.

 

 

 

Luego sigue una invitación para que todos los fieles hagan la confesión general, Y luego son absueltos por el sacerdote.

 

 

 

El sacerdote recita luego las "palabras reconfortantes" que son cuatro cortas citas del Nuevo Testamento» Antes de la consagración to­dos dicen juntamente la oración llamada "Oración de la humildad", en la que los fieles expresan su indignidad de recibir a Cristo.

 

 

 

Sigue la Oración de la consagración, en alta vez, seguida de la comunión del sacerdote y de la gente, administrada siempre bajo las dos especies.

 

 

 

Inmediatamente después de la comunión todos recitan el Padre Nuestro y la Gloria y termina el servicio con la bendición.

 

 

 

La nueva liturgia

 

 

 

La que actualmente se halla en experimentación, más cuidadosamen­te ordenada que la del 1662, y que intenta que sea la Eucaristía el ser­vicio principal, está dividida en dos partes:

 

 

 

La Antecomunión y la Comunión

 

 

 

La Antecumunión empieza por un introito, salmo o himno, que es opcional, Sigue la plegaria para que el Espíritu Santo haga de purificador del alma. Se recitan o los Diez Mandamientos o el Sumario de la Ley. Los Lyries en inglés o en griego.

 

 

 

A continuación el Gloria, dando completamente la vuelta a la posición que ocupaba en el de 1662, donde se recitaba el final de todo.

 

 

 

A este sigue la colecta, Epístola y Evangelio del día, entre los que se pueden intercalar salmos o himnos si se quiere.

 

 

 

Sigue la homilía, que ahora es obligatoria y a la que también se le ha adelantado su emplazamiento de después del Credo o antes del mismo.

 

Después del Credo vienen las peticiones o intercesiones y la ora­ción por la Iglesia, que ahora incluye también oraciones por los muertos con palabras cuidadosamente escogidas para no hacer una profesión de fe en la creencia del Purgatorio. Dicen así:

 

 

 

"Escuchamos al recordar a los que han muerto en la fe y concédenos

 

Que seamos partícipes con ellos de tu reino eterno".

 

 

 

Sigue, como antes, la invitación a la confesión, la Confesión ge­neral, la absolución, palabras reconfortantes, plegaria de la humildad la de la acción de gracias y la consagración.

 

 

 

El Padre Nuestro ha pasado a ocupar un lugar antes de la comunión. Y las palabras que ahora se dicen durante la comunión, pueden ser simplemente las siguientes:

 

 

 

"El Cuerpo de Cristo" y "La Sangra de Cristo”.

 

Terminada la Comunión se cierra la liturgia eucarística con una corta oración y la bendición final.

 

Puede decirse, por tanto, que las nuevas reformas han acercado extraordinariamente el culto a la liturgia eucarística anglicana a la nueva liturgia católico-romana. Hay muchos puntos de similitud que an­tes no existían.

 

Hasta el momento presente no es muy frecuente entre los angli­canos decir la Misa de cara al pueblo, como lo es hoy día común entre les católicos.

 

Durante muchos años se ha practicado la liturgia de cara al pue­blo en algunas iglesias evangélicas, pero no era una práctica muy ex­tendida. La posición de espaldas a la gente, que es la más corriente, es la que se practica en la Iglesia Anglicana de Madrid.