Sagrada Escritura

 

El art. 6 habla de la creencia anglicana en la Sagrada Escritura e incluye la lista de los Libros Canónicos de la Biblia. En el art. 20 se dice claramente que la Biblia es la "Palabra de Dios escrita".

 

 

 

En la época en que se escribieron los 39 Artículos no había con­troversia sobre el carácter sobrenatural de las Escrituras. El cristia­nismo era concebido como una religión de revelación, y todos estaban de acuerdo en que esa revelación descansaba en la Palabra de Dios. El cam­po en el que había un formidable desacuerdo era si la Biblia era la  única fuente de revelación y si la Biblia era explicativa por sí misma.

 

 

 

El Concilio de Trento había afirmado en su cuarta sesión que "Re­cibe y venera con igual afecto de piedad y reverencia a las Sagradas Escrituras y a la tradición".

 

 

 

Los anglicanos y también no pocos católicos, interpretaron estas palabras como si la tradición se encontrase ¿al mismo nivel que las Es­crituras como fuentes de revelación.

 

 

 

La opinión anglicana pensaba que esta teoría subordinaba las Escrituras a la Tradición.

 

 

 

Y así, frente al Concilio de Trento, la Iglesia de Inglaterra afirmó la suficiencia de la Escritura como la fuente de la revelación de Dios, y no solamente su suficiencia, sino también su auto-suficiencia. La Escritura, según los 39 Artículos, no necesita interpretación exterior.

 

 

 

En este último punto de que la Escritura es auto-suficiente y que no necesita interpretación exterior no encuentra muchos seguidores hoy día en la Iglesia de Inglaterra. En el siglo XVI, cuando se escribieron los Artículos, las Escrituras eran consideradas, al menos por los protestantes reformadores, como la Palabra de Dios. La Biblia, enseñaban los reformadores, estaba inspirada por Dios, y uno solo teñía que leerla para recibir directamente el mensaje exacto de Dios, transmitido a no­sotros por los profetas y, especialmente, por Cristo. En la actualidad esta manera de pensar sólo es seguida por una minoría de anglicanos conocida con el nombre de "fundamentalistas".

 

 

 

Esta gente que frecuentemen­te pertenece al ala evangélica de la Iglesia, continúa defendiendo que las Escrituras son la Palabra de Dios y que no necesitan interpretación exterior.

 

 

 

Pero la mayoría de los anglicanos hoy día no piensa así. Tampoco esto quiere decir que la Iglesia haya aceptado el modo de pensar de los católicos respecto a la interpretación de la Biblia por el cisma de la Igle­sia. No piensan que la tradición de la Iglesia sea necesaria para la co­rrecta interpretación de la Biblia. Lo que la mayoría piensa es lo si­guiente:

 

 

 

"La Biblia es una parte muy compleja de la literatura religiosa. Indudablemente que fue escrita por muchos y distintos autores, con variedad de estilos y tipos literarios. Además, no solo esto, sino que se escribió en épocas muy diversas y luego fue comprendida para formar una obra entera. La situación en que fue escri­ta era muy distinta *de la que nosotros vivimos. Además, se compu­so en dos o tres lenguas de la antigüedad, que tienen muy poca o ninguna relación con las lenguas que nosotros hablamos.

 

 

 

A la vista de estos hechos, la mayoría de los anglicanos piensa que es improbable que un seglar por sí mismo sea capaz de darle la in­terpretación que se le aplicó originariamente. Hay tantos factores que actúan en contra de una correcta interpretación individual que, sin du­da, le es imposible al seglar llegar a la debida intelección. Para em­pezar, está leyendo una traducción y no el original. En segundo lugar, es muy fácil que se sea incapaz de discernir el género literario que está leyendo. Además desconoce la situación precisa en que se escribió lo que él está leyendo. Y se corre por otra parte el peligro de imponer sus propios criterios y opciones a la lectura que se halla verificando, que sin duda serán muy diferentes del pensamiento del autor.

 

 

 

Por tanto muchos anglicanos dirán que necesitan el consejo y dirección de un experto sobre la interpretación bíblica y buscarán un teólogo que les sirva de guía. Pero los teólogos tampoco están de acuerdo en la interpretación bíblica. Hay muchos y variados puntos de vista en no pocas cuestiones. No obstante el principio de que uno debe buscar la verdad usando todas las ayudas de la ciencia y educación mo­dernas, es considerado todavía por la mayor parte de los anglicanos co­mo el verdadero. El hecho de que no haya todavía una concordia entre los peritos no significa que se haya de abandonar este sistema. Los anglicanos creen que sólo en una atmósfera de libre investigación aca­démica podemos alguna vez ser capaces de descubrir el velo y hallar el verdadero significado de la Biblia.

 

 

 

Refiriéndose a este asunto, el Informe de la Comisión de Arzo­bispo, dice:

 

 

 

"La Biblia ha sido y es para la Iglesia cristiana el criterio (norma) primario de su doctrina y enseñanzas, y la fuente prin­cipal de guía de conducta para su vida religiosa.

 

 

 

No obstante, el uso hecho de la Biblia como una fuente autoriza­da de doctrina y enseñanza debía ser controlado por las siguien­tes consideraciones:

 

 

 

a) La autoridad adscrita a la Biblia no debe interpretarse como ca­paz de prejuzgar las conclusiones de investigación histórica, cri­tica y científica en ningún campo, incluyendo el de los documen­tos bíblicos mismos.

b) Los pensadores cristianos no están necesariamente sujetos a las formas de pensamiento empleadas por los escritores bíblicos.

c)  Los escritores bíblicos presentan una amplia variedad de tipos literarios. Al usar los libros bíblicos, como una norma de en­señanza, con la debida autoridad, estos hechos deben tenerse en cuenta. El supremo valor espiritual de algunas partes de la Biblia, no es compartido por todas las partes de la misma.