Escuelas de Pensamiento

 

EL RESURGIMIENTO EVANGELICO

 

 

Desarrollo del ala evangélica de la Iglesia de Inglaterra

 

 La Iglesia de Inglaterra desde el momento de la Reforma era una mezcla de hombres con diferentes ideas religiosas, pero unidos dentro de la misma Iglesia nacional. Unos se sentían inclinados hacia las doctrinas y creencias Romano-Católicas, mientras que otros simpa­tizaban con las principales ideas protestantes. No obstante, todos formaban una Iglesia y todos aceptaban las enseñanzas básicas de esa misma Iglesia. Había diferencias de opinión, pero no había divisiones en asuntos doctrinales. Y respecto a las diferencias de opinión no se dio una definición clara de las mismas durante mucho tiempo.

  

En el siglo XVIII algunos miembros de la Iglesia anglicana, con una mentalidad más protestante, formaron un grupo dentro de la Igle­sia con una fuerte inclinación hacia la teología cristiana. Esta tendencia es conocida con el término de "Evangelismo". El movimiento evangélico comenzó dentro de la Iglesia de Inglaterra y ha continuado has­ta el momento presente, formando en la actualidad una escuela de pen­samiento muy característica dentro de la Iglesia anglicana. En el mis­mo siglo, sin embargo, se llegó a un cisma, al separarse un número de­terminado de fieles de la Iglesia de Inglaterra y formar una nueva Iglesia llamada "Iglesia Metodista". Esta Iglesia Metodista es muy fuerte en Inglaterra, incluso en la actualidad. Está muy íntimamente relacionada con la "rama" evangélica de la Iglesia, anglicana; sin embargo tiene algunas diferencias muy importantes, como la falta de episcopado.

 

La escuela de pensamiento evangélico, dentro de la Iglesia de Inglaterra, comenzó en su forma actual en la época del cisma metodis­ta, en el siglo XVIII, y este período es al que tenemos que dirigir la mirada, si queremos entender a los anglicanos evangélicos.

 

El movimiento metodista fue iniciado por un sacerdote anglica­no llamado John Wesley y por algunos de sus amigos. No se le debe considerar

 

Como un fenómeno aislado, sino como el lugar de encuentro de muchas tendencias y tradiciones. Una de estas era la serie inquietud de los puritanos ingleses por la salvación. Esta preocupación influen­ció al alemán, Philipp Spener, y sus escritos dieron impulso al movi­miento conocido como "pietismo o devocionismo". Hay dos formas de pietismo; una más eclesiástica y la otra más sentimental, conocida con el nombre de "Moravianismo".

 

Otra razón que contribuyó también a la aparición del movimiento metodista fue la tendencia, que comenzó a fines del siglo XVII, de for­mar pequeños grupos de cristianos con el propósito de la propagación del celo cristiano. En este sabiente fue como surgió el Metodismo, en la forma de un pequeño grupo de píos y devotos cristianos, llenos de celo y entusiasmo por la extensión del Evangelio. El líder de este grupo fue John Wesley.

 

Wesley, que vivió de 1703 a 1791. Experimentó en 1738 lo que los evangélicos llaman conversión. Esto sucedió en Londres en una reu­nión de Moravianos, los pietistas sentimentales. Lo que pasó en esta Reunión de Moravianos fue que Wesley descubrió lo que él consideraba como el completo significado de la doctrina de la justificación por la fe.

 

En esta doctrina descansó y confío durante el resto de su vida. Pero no siendo perturbado por la mayoría de las controversias que ha­bían oscurecido el periodo de la Reforma, continuó sintiendo y afirman do que cualquier experiencia espiritual genuina debe encontrar una ex­presión exterior en una exterior santidad de vida. Uno de sus princi­pales objetivos, a partir de este momento, fue promover la santidad de las Escrituras por todo el país.

 

Wesley se convenció pronto de que su misión especial sólo se podría cumplir a través de un ministerio ambulante. No intentaba opo­nerse al sistema parroquial ni menos negarlo, pero pensó que él, en concreto, podía prescindir de tal sistema. Él no era un párroco, sino un Profesor adjunto en Lincoln College de la Universidad de Oxford y, por consiguiente se sentía en libertad de movimientos por toda In­glaterra, Como le dijo al Obispo Butter en Bristol, "Yo no estoy limi­tado a ser un cura de almas en particular, sino que tengo una misión determinada de predicar la Palabra de Dios, en cualquier parte de la Iglesia de Inglaterra".

 

Por espacio de cincuenta años Wesley viajó a todo lo largo y ancho de Inglaterra. Predicó en iglesias y fuera de ellas. Sus esfuerzos consiguieron notables resultados, asistiendo normalmente a sus sermo­nes grandes masas de gente. Los tres objetivos principales de su labor, en los que ponía particular interés, fueron la teología, la educación "y la disciplina. Todavía los metodistas utilizan sus sermones como tra­bajos de referencia, y Stephen Neill, en su libro Anglicanismo "los compara incluso con "La Institución cristiana" de Calvino.

 

El nivel educacional del siglo XVIII era deplorablemente bajo, por lo que Wesley declaró que los cristianos serios debían aprender a leer. Organizó a los creyentes en sociedades, dirigidas por líderes debidamente cualificados, que contribuirán al desarrollo educacional y espiritual de sus miembros. Semanalmente se organizaban reuniones de estos grupos y sus miembros seguían siempre unas normas y disciplinas rígidas, tales como determinados tiempos de oración y lectura regular de la Biblia. Precisamente por seguir un tal sistema o método sus miembros  y lo mismo Wesley fueron llamados "Metodistas”, un apodo que les ha quedado hasta la actualidad.

 

En todo este trabajo no había nada de cismático o antianglicano Wesley se consideraba a sí mismo como un fiel ministro de la Iglesia de Inglaterra hasta el día de su muerte. Es evidente que no dio sufi­ciente importancia a las tendencias separatistas latentes en el movi­miento que él había creado.

 

Una idea bastante revolucionaria, en la que consintió los últi­mos años de su vida, fue su creencia de que en la era apostólica no había distinción entre Obispos y sacerdotes, o presbíteros. Creía que en caso de necesidad no hay ningún acto eclesiástico de los atribuidos comúnmente al oficio episcopal, que no pueda realizar un sacerdote o presbítero. Siguiendo esta idea de Wesley los metodistas han manteni­do que los obispos no son necesarios y, por eso, solamente tienen pres­bíteros. El ministerio metodista comenzó con Wesley, cuando él, mismo empezó a ordenar ministros en les últimos años de su vida. Wesley no era Obispo y, por consiguiente, desde el punto de vista anglicano el minis­terio metodista ni es válido ni apostólico.

 

Ahora bien, no todos los anglicanos que comulgaban con estas ten­dencias, se pasaron a la nueva Iglesia metodista, y es importante no pasar por alto el pod.er y significación de esa parte del movimiento evangélico que permaneció dentro de la Iglesia de Inglaterra. En algu­nos lugares se suele considerar a los anglicanos evangélicos como un grupo de metodistas, relativamente pequeño, que permaneció dentro de la Iglesia anglicana. Evidentemente esto es una concepción errónea. El evangelismo anglicano, aunque íntimamente relacionado con el metodismo, fue un movimiento propio, con sus propias y bien marcadas caracte­rísticas, Algunos evangélicos fueron más influenciados que otros por Wesley. E incluso no pocos se dispusieron a criticarle.

 

Los evangélicos anglicanos nunca han formado un partido claramente definido. Se han desarrollado pequeños grupos dentro del movi­miento evangélico, pero nunca ha existido un partido firme en cuanto tal, que comprendiera a todos los evangélicos. Tampoco es probable que este partido llegue a existir jamás, pues los evangélicos son, por lo general, tremendamente individualistas, y defienden fuertemente su pro­pia independencia. Todos subrayan la necesidad de una definida conver­sión a la cristiandad, frecuentemente unida a una profunda experiencia religiosa, altamente emocional. Hablan también todos de la necesidad de una religión personal y una relación personal con Cristo. Pero, apar­te de esto, su interpretación de la Biblia y la importancia que dan a diferentes doctrinas, puede diferir considerablemente.

 

Los evangélicos de la Iglesia anglicana difieren de los metodis­tas y siempre han deferido, Primeramente rechazaron la idea de Wesley de un ministerio ambulante. No cabe duda de que en el siglo XVIII el sistema parroquial era eficiente en conjunto, y cada párroco conocía a la mayoría de sus feligreses. En cambio, en el siglo XX el sistema parroquial no es eficaz en muchos sitios, principalmente en las gran­des ciudades, como Londres, con una gran población flotante. Ante tal situación los evangélicos han tratado de encontrar maneras más prácti­cas para hacer llevar su mensaje a los hombres. Por ejemplo, en los últimos años han sido extraordinariamente activos en las Universidades y en la "Fraternidad interuniversitaria" que es de inspiración evangé­lica, se da a conocer inmediatamente su espíritu a todo estudiante re­cién llegado.

 

Desde el momento en que evangelizar es una de las principales características de los evangélicos, no es sorprendente que ellos, más que cualquier otra sección de la Iglesia anglicana, hallen métodos nue­vos para hacer llegar su mensaje a la gente. Otro sistema de evangelización adoptado por los evangélicos es abrir centros de evangelización a los que la gente puede ir con sus familias y niños, y estar allí duran­te una semana o quince días. Es algo como un monasterio al que las se­glares pueden retirarse, en forma de vacaciones, por unos días. Estos centros, como los monasterios, están regidos por una comunidad de cristianos que trabajan sin sueldo, pero que no hacen votos de por vida ni les está prohibido el casarse. Uno de estos centros es Lee Abbay, en el sudoeste de Inglaterra. Aquí el director, que es el equivalente del Abad en la abadía tradicional, es en realidad !todo un abuelo! La comunidad es mixta, y se no se está ya casado, es muy posible encontrar a la futu­ra esposa trabajando en la comunidad de un lugar como Lee Abbey.

 

La única finalidad de este centro es la evangelización. Se anuncian en las parroquias, escuelas, colegios, universidades. El resultado es que mucha gente de las claves más diversas se siente atraída a estos centros, en parte para pasar unas vacaciones agradables, pues estos cen­tros están en general situados estratégicamente en los mejores escenarios turísticos, aunque el mismo tiempo cuidadosamente aislados del mundo.

 

Por medio de una serie de charlas, diálogo y servicios religio­sos, la comunidad procura comunicar a los visitantes el espíritu del evangelismo. Todo este sistema tiene mucho de emocional, aunque no se descuide totalmente la parte intelectual. Antes de que la gente abando­ne el lugar, se intenta conseguir el mayor número posible de "conversio­nes" al cristianismo práctico. Ya se ha dicho que los evangélicos dan una importancia extraordinaria a la "conversión". Tienen un concepto muy riguroso del cristianismo. Dicen que una persona que asiste a la Iglesia con regularidad, puede no ser cristiana en el sentido verdadero de la palabra, tal como lo entienden ellos. Usan frecuentemente el término "cristiano de nombre". En su opinión es verdaderamente cristiano el que está "verdadera y completamente comprometido con Cristo". Uno '.que ha hecho un ofrecimiento de su vida definitivo en un momento determinado y que, a partir de ese momento, cuenta todo su tiempo y sus acciones como pertenecientes a Cristo y a la tarea cristiana. Supone algo parecido a renunciar a todo y seguir a Cristo de la misma manera que lo hicieron los doce discípulos. Sin embargo los evangélicos no esperan que la per­sona que se entrega al Señor renuncie a su trabajo o empleo secular, sino más bien, que lo use al servicio de Cristo.

 

Por lo tanto el llamamiento evangélico de entrega y conversiones es muy vigoroso y no se puede entrar en él a la ligera. Es un auténtico llamamiento de servicio y, como tal, es altamente loable. De ello se hablará más tarde. Tal es en líneas generales el trabajo de evangelización llevado a cabo por los evangélicos anglicanos.

 

No obstante, al contrario de lo que ha ocurrido con los metodis­tas, ellos no han mostrado ningún deseo de abandonar el sistema Parroquial. En general lo utilizan con mucha eficacia; por ejemplo, en una ciudad, una iglesia con clero evangélico, aunque sea una parroquia, con­seguirá formar su congregación no sólo con gente de su distrito, sino de toda la ciudad. Por consiguiente al mismo tiempo que cumple su fun­ción como parroquia, es capaz de unir y servir a los anglicanos en un área mucho más extensa. En una iglesia de este tipo que yo conocía, el 60% de la congregación no pertenecía a la parroquia; aun así, este 60% era al mismo tiempo una fuerza efectiva dentro de la parroquia. Los Metodistas; por otro lado, abandonaron el sistema parroquial y sus iglesias sirven simplemente a grandes e indefinidas áreas de ciudad y de campo.

 

En segundo lugar, los anglicanos evangélicos tendieron a una po­sición más calvinista que sus hermanos metodistas. Estos no eran tan deterministas. Los evangélicos anglicanos atribuyen a Dios toda la salvación de un pecador. Una persona no puede hacer nada para conseguir su propia salvación. Sin embargo es peligroso aquí- el generalizar de­masiado. Como se ha dicho antes, los evangélicos son muy individualis­tas y cada cual tiene su propia interpretación de la noción de predes­tinación. No es raro hallar en círculos evangélicos dentro de la Igle­sia de Inglaterra puntos de vista opuestos sobre este asunto. No obstante, en general los evangélicos suelen tener ideas calvinistas sobre la salvación. Sin embargo es un tema poco popular y no se habla mucho sobre él.

 

Al llegar aquí debe quedar claro que los evangélicos no sostie­nen una doctrina específica en relación con los otros anglicanos. Lo que pasa es que tienden a subrayar ciertos aspectos del cristianismo y de la doctrina cristiana, que otros anglicanos no acentúan tanto, Por ejemplo, en las iglesias evangélicas dan mucha importancia a la conver­sión individual y al auténtico cristianismo. Otros cristianos dirán que ésta no es una doctrina peculiar de los evangélicos. Todos los cris­tianos creen en la necesidad de este tipo de conversión, pero no acen­túa su importancia, como lo hacen los evangélicos. Quizá pudiera decirse que éstas toman su religión más en serio que el promedio de los angli­canos.

 

Sir James Stephen, en sus "Ensayos sobre Biografía Eclesiástica" vol. 2, resume la diferencia entre evangélicos y otros anglicanos, con estas palabras: "Un clérigo ortodoxo es el que sostiene con una forma­lidad aburrida y estéril las mismísimas doctrinas que el clérigo evan­gélico sostiene con vitalidad cordial y prolífica". Indudablemente hay mucha verdad en esta afirmación, pues no puede dejar de notarse la diferencia del ambiente entre las iglesias evangélicas y las otras iglesias anglicanas. En las primeras hay un ambiente de cálida fraternidad cris­tiana y de devota y ferviente oración. Un miembro de la congregación suele dar la bienvenida a la gente según va llegando y, al final del servicio, el mismo ministro se coloca a la puerta para despedir perso­nalmente a cada uno de los miembros. En el resto de las iglesias anglicanas no se da este modo familiar de proceder. La adoración parece más un asunto de formalidad y la congregación no parece vibrar con la idea de fraternidad cristiana.

 

El resurgimiento evangélico del siglo XVIII fue, por consiguien­te, el comienzo de una tradición definida dentro de la Iglesia Anglica­na, que desde entonces ha actuado como una levadura. A fines de dicho siglo el clero evangélico, aunque numéricamente minoría, no obstante, formaba un grupo dominante dentro de la Iglesia. Sostuvieron este pre­dominio aproximadamente durante medio siglo, cuando el resurgimiento anglo-católico cristalizó otra tradición dentro de la Iglesia. En la actualidad, tanto evangélicos como anglo-católicos son de gran impor­tancia. Un ejemplo de ello es el hecho de que, de los dos arzobispos de la Iglesia de Inglaterra, uno, el de York (Donald Coggan) es evan­gélico; mientras que el otro, el de Canterbury es anglo-católico (Ramsey).

 

Ya se han dicho algunas de las características de los evangéli­cos. No sostienen doctrinas especiales que les separen del resto de la Iglesia anglicana. Lo que hacen es subrayar más bien unas cuantas ideas, a las que otros anglicanos no dan tanta importancia. De estas la más destacada es la de la conversión, seguida de la entrega total. El "con­verso" desde el momento de su conversión está totalmente sometida a Cristo, al estilo de San Pablo, que es el modelo perfecto. De anticris­tiano se transforma en converso y en difusor del Evangelio. Todas sus acciones estuvieron consagradas al Señor. No había nada meramente no­minal en el cristianismo de San Pablo.

 

La conversión evangélica es en gran parte una experiencia emocio­nal.

Esto es, probablemente, su gran punto flaco, pues sucede a menudo que gente que siente en un momento dado una gran emoción, como es el deseo de entregar sus vidas al servicio de Cristo, más tarde, en momentos de mayor tranquilidad y calma, se arrepienten de su decisión si no la he reforzado antes inte­lectualmente. Aun así hay muchos, que una vez convertidos de esta ma­nera emocional son fieles a su entrega y llevan una vida completamente dedicada a Cristo. No abandonan su trabajo secular, sino que sostiene que su nueva fe le da un nuevo significado.

 

El fervor de los evangélicos es verdaderamente asombroso. Son responsables del comienzo de una obra de Iglesia importante, conocida con el nombre de "Escuela Dominical". La mayoría de las Iglesias tienen su Escuela Dominical, para que los niños sean instruidos en la Biblia y en la doctrina Cristina; sobre todo en la Biblia. El estudio de la Biblia es una de las cosas en que los evangélicos estudian cada día un trozo de la Sagrada Escritura, utilizando comentarios devocionales editados por organizaciones evangélicas. En las iglesias evangé­licas hay regularmente clases de estudios bíblicos para gente de to­das las edades. Sin embargo, su actitud para con la Biblia es frecuentemente fun­damentalistas. Se la trata como "La Palabra de Dios" y, por consiguien­te, infalible en todos los aspectos. Si alguien manifiesta alguna duda sobre inconsistencias de la Biblia, en vez recibir una respuesta con­vincente, se le compadece por manifestar una falta de fe. Esta falta de un planteamiento intelectual de la religión hace que el evangelismo sea inaceptable para mucha gente inteligente. Sin embargo las iglesias evangélicas están generalmente llenas. Se enseña fe absoluta y confianza en la verbalmente inspirada Biblia y se ofrece la garantía de un lugar en el cielo sobre la base de la doctrina de la justifica­ción sólo por la fe. Los que desean caricaturizar la enseñanza evan­gélica dicen que ofrece "pólizas de seguros celestiales".

 

Para la mayoría de los anglicanos ahora no hay una autoridad absoluta en lo que a la fe se refiere. No tenemos un Papa que declare una doctrina y no podemos aceptar la Biblia según se significado apa­rente. Tiene que ser interpretada. En esta situación, mucha gente acep­ta la certidumbre evangélica y no le gusta que se le hable de las difi­cultades intelectuales que conlleva.

 

Finalmente, ningún estudio sobre los evangélicos, por breve que sea, puede considerarse completo sin hacer alguna referencia a sus preocupaciones sociales. Tanto en casa como en el extranjero ha urgido siempre una reforma social. En los días del imperialismo y después han enviado un enorme número de misioneros a África y a la India, no sólo a predicar sino también a curar y ayudar. La más famosa Sociedad Misionera anglicana, "The Church missionary Society" fue fundada por ellos. La cumbre de su éxito fue probablemente el haber conseguido la abolición de la esclavitud en 1833» hecho eran tan activos en el extranjero que fueron criticados muchas veces de interesarse más por los hindúes, que por los pobres de les suburbios ingleses. Esta críti­ca en parte puede ser debida al hecho de que frecuentemente los evan­gélicos no se sienten preocupados con las raíces y las causas de los asilos sociales, sino que más bien se limitan a hacer todo lo posible por aliviar el sufrimiento de una manera superficial. Es claro que esta afirmación no puede referirse al hecho de la abolición de la esclavitud Se tiene a menudo la impresión de que pertenecen a otro mundo y de que su auténtico Interés estriba en conseguir conversiones. Entonces es cuando, según ellos, las cosas marchan bien. Por esta falta de profun­didad de pensamiento, tanto en teología como en asuntos prácticos, los evangélicos perdieron a finales del siglo XIX su extraordinario prestigio, pero continúan siendo un movimiento importante de la Iglesia de Inglaterra.

 

En el siglo XIX apareció otro movimiento que completó a los evan­gélicos en todos los aspectos. Era intelectual, altamente teológico y extremadamente católico. El Movimiento de Oxford o Tractariano.