Richard Hooker

 

La tarea que Isabel y Parker tenían que realizar era la de conciliar los extremos de Protestantismo y Catolicismo. El Gobierno quería una constitución moderada, suficientemente reformada para satisfacer a los protestantes razonables, suficientemente conservadora para satis­facer a los católicos que no estaban decididos a continuar unidos con Roma. El problema era si los protestantes ingleses se sentirían satis­fechos con algo que no fuera exactamente el modelo suizo. En ningún otro país se ensayaba un tal intento de unir y conciliar puntos tan antagónicos. En Inglaterra, sin embargo, la atrevida pretensión de unir dos escuelas diferentes en su pensar y actuar tuvo un éxito sor­prendente. El resultado fue esa única rama de la Reforma: la Iglesia Anglicana.

 

La Reina, Parker y el Parlamento aspiraban a ese ideal inglés: un compromiso. Parker lo vio como la solución ideal. Los calvinistas suizos, sin embargo, lo interpretaron de distinta manera: moderación y compromiso son ideales que fracasan frecuentemente en inspirar entu­siasmo y lealtad. Los extremos, por otro lado, consiguen más fácilmen­te partidarios.

 

No está clara cuáles son las doctrinas concretas que defendían los de la escuela no calvinista y no católica. No eran luteranos, por­que no aceptaban la doctrina luterana sobre la Eucaristía. En 1571 los 39 Artículos alcanzaron su redacción final, pero deja mucho que desear como exposición clara y positiva de la doctrina anglicana. En algunos puntos son estudiadamente vagos e imprecisos. Fueron redactados de esta manera para poder conseguir una concordia entre las partes discrepan­tes, Pero básicamente enseñaban las doctrinas clásicas de las Iglesias reformadas: 1.Justificación por la sola fe; 2.que la gracia de los sacramentos solamente la reciben hombres con fe; 3.la sola Es­critura.

 

La situación a que se había llegado necesitaba de alguien que la hiciera salir airosamente del atolladero. Y este hombre fue Richard Hooker, un cura rural. Si ideario está expuesto en su obra de ocho vo­lúmenes titulada ”0f the Laws of Eclesiastical Polity” ("Sobre las Le­yes de la Constitución eclesiástica”), obra que ha llegado a ser la clá­sica de la Iglesia Anglicana. Los calvinistas sostenían que todas las cosas hechas en la Iglesia deben tener un fundamento positivo en las Escrituras. Sobre esta base atacaban al ”Libro de oración Común ” y a la política isabelina de compromiso. La defensa de Hooker estribaba en demostrar el lugar que ocupa la razón en la religión. Dijo que era muy limitada el área dentro de las Escrituras a donde se extienden los mandamientos de Dios de una manera directa y que fuera de esta área, el Gobierno de la Iglesia y el Estado era un asunto concerniente a la razón humana. Esta razón humana tenía que estar en concordia con lo que él llamaba la Ley natural de Dios, y debía ocuparse de aquellas cosas sobre las cuales no había en las Escrituras mandato expreso de Dios. Por consiguiente, las leyes civiles y eclesiásticas debían ser expresiones prác­ticas de la ley natural de Dios, conocida por la razón general de la humanidad.

 

Además Hooker indicaba que la sociedad humana está siempre cam­biando, y una Iglesia o Estado está obligado a revisar sus leyes de vez en cuando, para poder hacer frente a las nuevas situaciones. Pero estas revisiones de las leyes deben obedecer siempre a las leyes bíbli­cas, o estar en armonía con la ley natural, sino se encuentra una orden directa y expresa en la Sagrada Escritura.

 

Hooker introdujo una novedad en el pensamiento protestante, a saber, la unión entre la Iglesia y el Estado. Consideraba que ambos estaban ordenados por las Escrituras y por la Ley natural. Por consi­guiente, según él, no había dificultad en tener hombres piadosos que legislaran a la vez para la Iglesia y para el Estado. Si todos seguían las Escrituras y la Ley natural, no importaba si los seglares legisla­ban para la Iglesia, y los Obispos y sacerdotes lo hacían para el Es­tado. Para los calvinistas todo esto era anatematizable, pero Hooker basaba sus afirmaciones en la razón pura y de esta manera fue posible salvar las dificultades y llevar adelante lo que se ha considerado como el ideal inglés de la moderación, es decir, de la vía media.

 

El volumen de esta obra importante estaba dedicado a la de­fensa del "Libro de Oración Común " inglés. Esto es, quizá la parte más católica de la Iglesia de Inglaterra, y por eso fue en aquel entonces atacado ferozmente por los calvinistas, por creerlos demasiado influenciados de romanismo. Es cierto que la Liturgia inglesa en su mayor parte está toma­da directamente del rito medieval romano, aunque naturalmente con algu­nas innovaciones. Hooker pensaba que esta liturgia era como la culmi­nación de una gran tradición. Era, en su opinión, el fruto maduro de los siglos cristianos. Veía, por consiguiente, a la liturgia inglesa  como una devoción católica y reformada.

 

Al hablar de la Reforma inglesa es difícil saber dónde terminar, pues en cierto sentido todavía continúa y es de esperar que continúe en adelante. En los siglos posteriores a los que nos hemos referido hubo cambios importantes en la Iglesia Anglicana, como los resurgimientos evangélicos y anglo-católico, de los que se habla en la lección terce­ra. Hasta ahora nos hemos limitado atrasar los acontecimientos que lle­varon a la ruptura con Roma. Hemos hablado también de la necesidad de una teología en que la Iglesia Anglicana apoyara su posición de vía media y hemos hablado del hombre que la proporcionó.