María la Católica

 

María Tudor, la hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, era medio española y católica-romana. Durante los años de los cambios pro­testantes bajo Eduardo VI, había sufrido por su deseo de conservar la Misa latina. Subió al trono en 1553 a la edad de 37 años. Deseaba fer­vientemente una Inglaterra católico-romana y su única esperanza estaba en tener un hijo que fuera su heredero. Se casó con el Rey de España, Felipe II, pero el matrimonio, a pesar de una falsa alarma, no tuvo descendencia, y María se volvió más y más desesperada de la situación.

 

Restauró la Misa latina y metió en la cárcel a aquellos Obispos que protestaron, entre ellos al Arzobispo de Canterbury, Thomas Crammer. Otro tanto hizo con los sacerdotes que bajo el rey Eduardo VI había contraído matrimonio, los cuáles fueron depuestos de su ejercicio sacer­dotal, Su número alcanzaba la cifra de 2.000. Todas las reformas de que hemos hablado hasta ahora fueron revocadas por un Acta del Parlamento, incluso las que había hecho Enrique VIII. La única excepción fue que aquellos terrenos que poseía la Iglesia y que en tiempos de Enrique VIII habían sido confiscados y transferidos a la seglaridad, no se devolvie­ron a la Iglesia. Las tierras que anteriormente habían pertenecido a los monasterios continuaron, por consiguiente, como propiedad de aquellos que se las habían arreglado para conseguirlas cuando Enrique VIII abolió las casas religiosas. Pero en todos los otros aspectos se dio marcha atrás a las manillas del reloj, volviendo a la misma situación del tiempo de Enrique VIII.

 

Se nombró Arzobispo de Canterbury a Reginaldo Pole, quien tomó posesión de su cargo en noviembre de 1554 También fue nombrado legado pontificio. En febrero de 1555 e1 primer protestante fue quemado en Lon­dres.... Durante los tres años siguientes alrededor de unas 300 perso­nas fueron condenadas a morir en la hoguera como herejes protestantes. Entre estas víctimas fueron incluidas cuatro Obispos y el antiguo Arzo­bispo de Canterbury, Thomas Crammer. Antes de ser quemado fue sometido a una humillación. Se le obligó a firmar una confesión de fe en la que admitía haber abusado de su arzobispado. Sin embargo, minutos antes de ser conducido a la hoguera revocó dicha confesión.

 

Esta política de persecución fue desastrosa. No solamente condu­jo a Inglaterra a los brazos de la causa protestante, sino que también dejo una profunda huellas de miedo y odio en el corazón de los ingleses hacia el catolicismo romano, que no ha desaparecido todavía.

 

María Tudor, casada con Felipe II de España, murió en 1558 sin herederos que hubiesen podido continuar su tarea romanizante. El Carde­nal Pole murió unas pocas horas más tarde.