Isabel I

 

A María Tudor le siguió su hermanastra Isabel I, hija de Enrique y de Ana Bolena y hermana, por tanto, también de Eduardo VI. Su reinado es una enigma para todo el que se ha puesto a estudiarlo, Nadie, según parece, ha sido capaz de entender a esta mujer reina. El embajador es­pañol en Londres, escribiendo de ella, decía medio desesperado: "Después de todo, es una mujer y, por tanto, inconstante”.

  

Isabel era muy diplomática y su política parece que fue el inten­tar conseguir que el mayor número de personas estuviese de acuerdo en la mayor cantidad de cosas posibles. Indudablemente este tipo de políti­ca era el que se necesitaba en Inglaterra, ya quede del punto de vista religioso el país estaba completamente dividido. Esta situación no se había dado en tiempos de Enrique VIII, cuando la mayoría de la gente era conservadora y moderada. Lo que se necesitaba era alguien capaz de unir los extremos, e Isabel fue la mujer adecuada para la realización de tal empresa.

  

Es posible que Isabel misma quisiera el tipo de Iglesia que exi­gía la presente situación. Hay algunos, sin embargo que opinan que ella era realmente indiferente en religión, mientras que otros han llegado a la conclusión de que para ella todas las religiones eran realmente lo mismo. Cualquiera que fuere el caso, en su reinado se formó la Iglesia que, en lo que todos estaban de acuerdo, ha llegado a ser la famosa”vía media”.

 

El primer paso fue romper con Roma de nuevo. Esto se hizo por un Acta de Supremacía que fue aprobada por el Parlamento. Por esto Isabel vino a ser el "Supremo Gobernador” de la Iglesia de Inglaterra, y no la “Cabeza Suprema”, como lo había sido su padre, Enrique VIII, El siguien­te paso fue cambiar la liturgia. Un acta de Uniformidad reinstaló el ”Proayer Book” de 1552, pero con algunas correcciones de tipo conserva­dor. Estas correcciones son de importancia si vamos a pretender que la Iglesia de Inglaterra se convirtió, en cualquier sentido, en la vía me­dia. En primer lugar una de las correcciones permitía usar a los sacer­dotes las tradicionales vestiduras eclesiásticas medievales, así como conservar la tradicional ornamentación medieval de las Iglesias.

 

En segundo lugar, como ya dijimos arriba, las palabras que se decían al recibir la Sagrada Comunión fueron cambiadas para dar a la Eu­caristía una interpretación calvinista.

 

Una nueva corrección restableció las palabras usadas en el ”Libro de Oración Común ” de 1549. Por tanto las palabras de la comunión, dichas después de la corrección y que han permanecido así hasta el presente, son: El  Cuerpo de N.S. Jesucristo, que fue entregado por ti, guarde tu cuerpo y tu alma hasta la vida eterna, Toma y come esto en memoria de que Cris­to murió por ti, y aliméntate de El en tu corazón por la fe y dale gra­cias".

  

Queda claro, por tanto, que había un gran deseo de restablecer la doctrina de la presencia real, pero también y al mismo tiempo, el de no excluir otras interpretaciones. Esta fórmula es por tanto, in­tencionadamente ambigua y forma, por ello, un evidente ejemplo de una de las características ya mencionadas del anglicanismo: la habilidad de llegar a un compromiso. Con esta fórmula era posible unir a gentes con diferentes puntos de vista y opiniones, bajo el techo de una sola Iglesia, casi milagrosamente así han permanecido unidos (en general) hasta este día.

 

No es éste el lugar ni el momento para discutir si esta carac­terística fundamental del anglicanismo es buena o es mala. Nuestra tarea, de momento, es examinar brevemente la formación de la Iglesia de Inglaterra. Volvamos, por tanto, al reinado de Isabel I para ver que otras medidas se tomaron para establecer una Iglesia Católica, pero Reformada.